¿Qué es el Romeo y Julieta Clemenceaus?
El Romeo y Julieta Clemenceaus es un puro cubano descontinuado de 178 mm de largo y ring gauge 47, fabricado a mano en La Habana desde antes de 1960 hasta aproximadamente los años ochenta. Nombrado en honor al estadista francés Georges Clemenceau, este vitola representa la elegancia clásica de la marca en su época dorada, combinando un formato generoso con un perfil de sabor mediano que conquistó a fumadores de varias generaciones. Su desaparición del mercado lo convirtió en pieza de colección, buscado por quienes anhelan recuperar la tradición tabacalera cubana de mediados del siglo XX.

Historia del Romeo y Julieta Clemenceaus
El Clemenceaus nació en el portafolio de Romeo y Julieta antes de la revolución cubana, lo que lo convierte en un testimonio vivo del periodo pre-1960 de la industria tabacalera. Sobrevivió a la nacionalización de las fábricas, a las reformas agrarias y a las reestructuraciones que transformaron Habanos S.A., manteniéndose en producción regular durante dos o tres décadas más. Su nombre rinde tributo a Georges Clemenceau, primer ministro francés durante la Primera Guerra Mundial, reflejando la costumbre de la época de bautizar vitolas con personalidades políticas y culturales de peso.
La fabricación del Clemenceaus correspondía al nombre de fábrica Julieta No. 2, un formato que también utilizaban otras marcas de prestigio. Durante su vida comercial, se presentaba en cajas de 25 unidades con el tradicional vestido de Romeo y Julieta, portando la anilla clásica con tipografía serif que los coleccionistas hoy asocian con la producción histórica de la marca. Su discontinuación en los años ochenta —la fecha exacta varía entre fuentes, aunque se sitúa entre 1985 y 1989— marcó el fin de una era para los formatos más extensos de la marca.

Especificaciones técnicas del Clemenceaus
| Característica | Detalle |
|---|---|
| Nombre de vitola | Clemenceaus |
| Nombre de fábrica | Julieta No. 2 |
| Longitud | 178 mm (7 pulgadas) |
| Ring gauge | 47 |
| Peso oficial | 15.07 gramos |
| Construcción | Totalmente a mano |
| Estado de producción | Descontinuado (circa 1980s) |
| Presentación | Cajas de 25 unidades |

Notas de cata y perfil de sabor
El Clemenceaus ofrecía una experiencia de fumada que hoy describiríamos como clásica Romeo y Julieta: mediana en cuerpo, elegante en su evolución y nunca agresiva. Los ejemplares bien conservados —que hoy solo se encuentran en colecciones privadas o subastas— revelan un primer tercio de madera de cedro y nuez tostada, con una entrada suave que invita a prolongar la fumada sin prisa.
En el segundo tercio, el puro desarrollaba notas de café con leche y cuero curtido, ese aroma que evoca los talleres de zapatería de la vieja Habana. La combustión, en los ejemplares bien humidificados, resultaba pareja y ceniza firme de color gris claro. El último tramo intensificaba ligeramente el carácter, incorporando matices de chocolate amargo y especias dulces sin perder la refinada suavidad que definía a la marca. La duración estimada rondaba los 75 a 90 minutos, dependiendo del ritmo de quien lo disfrutara.

¿Con qué maridar el Romeo y Julieta Clemenceaus?
Aunque hoy el Clemenceaus solo existe en memoria y bóvedas privadas, su perfil nos permite imaginar maridajes que honren su carácter. Un café del Huila, de cuerpo medio y notas cítricas, complementaría la madera de cedro del primer tercio sin competir por atención. Para quienes prefieren destilados, el ron Dictador 20 años ofrece esa dulzura de vainilla y caramelo que dialogaría con las notas de cuero y chocolate del puro.
En la sobremesa, el chocolate santandereano de 70% cacao resulta compañero ideal, especialmente si se deja derretir lentamente mientras se saborea el último tercio. Los amantes del whisky encontrarían en un single malt de las Islas, algo ahumado pero no torrefacto, un espejo para la complejidad del Clemenceaus. La clave, siempre, es no saturar el paladar: este era un puro de conversación, no de dominio.

¿Para quién es este puro?
El Clemenceaus estaba pensado para el fumador que valoraba el tiempo por encima de la intensidad. No era un puro de domingo por la mañana con café, sino de tarde larga con conversación: ese momento en que el relojo se olvida y la ceniza se mantiene firme mientras se discute política, literatura o simplemente la vida. Su formato de siete pulgadas exigía compromiso, recompensando al fumador paciente con una evolución gradual que nunca decepcionaba.
Hoy, quien busque una experiencia similar en el catálogo actual de Romeo y Julieta podría acercarse al Churchill o al Wide Churchill, aunque ninguno replica exactamente las proporciones del Julieta No. 2. El Clemenceaus permanece como referencia para coleccionistas y estudiosos de la historia tabacalera, un recordatorio de que los grandes puros no solo se miden por su sabor, sino por los momentos que logran detener.

¿Por qué desapareció el Clemenceaus?
La discontinuación del Clemenceaus responde a factores propios de la industria cubana de los años ochenta. La tendencia hacia formatos más cortos y ring gauges más gruesos —el auge de los robustos y los petit robustos— dejó en desventaja a los vitolas largos y elegantes. La Julieta No. 2, con sus 178 mm, exigía tiempo en una época que ya presagiaba la aceleración moderna. Además, las restricciones económicas y la necesidad de estandarizar producción favorecieron los formatos con mayor demanda internacional.
La caída del Clemenceaus coincidió con el fin de otros clásicos de la época, aunque su memoria permanece en los anales de Habanos S.A. y en las colecciones de quienes conservan cajas selladas de los años setenta. Para el fumador colombiano interesado en la historia, representa una ventana a una concepción diferente del lujo: menos ostentación, más dedicación.
