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Por Larrañaga Small Coronas: historia, sabor y maridaje de un clásico cubano

1 min de lectura · 200 palabras

¿Qué es el Por Larrañaga Small Coronas?

El Por Larrañaga Small Coronas es una vitola descontinuada de 116 mm de longitud y ring gauge 40, conocida en las fábricas cubanas como "Franciscanos", que representa una de las expresiones más elegantes del tabaco ligero cubano del siglo XX. Este puro artesanal, con un peso oficial de 6.72 gramos, perteneció durante décadas al portafolio de una de las marcas más antiguas de La Habana, fundada en 1834 por Ignacio Larrañaga. Su formato compacto y su construcción impecable lo convirtieron en referencia para quienes buscaban una fumada refinada sin la duración de una vitola mayor.

Por Larrañaga Small Coronas

Historia del Por Larrañaga Small Coronas

La trayectoria de este puro se remonta a la era pre-revolucionaria, cuando Por Larrañaga ya gozaba de prestigio internacional por sus blend suaves y aromáticos. Los Franciscanos, como se les conocía en la fábrica, formaron parte del catálogo regular de la marca durante generaciones, sobreviviendo a la nacionalización de la industria tabacalera en 1960. Sin embargo, la década de 1980 marcó su ocaso: la vitola fue descontinuada, cerrando un capítulo de más de medio siglo de producción continua.

Para los coleccionistas, existe un epílogo especial. La marca resucitó brevemente este formato en el Por Larrañaga Small Coronas Siglo XXI Millennium Humidor, una edición limitada creada para las celebraciones del año 2000. Esta presentación, empaquetada en humidores de colección, permanece como objeto de deseo entre los aficionados serios que buscan revivir la experiencia de un clásico extinto.

Presentaciones originales

  • Cajetilla de cartón con 5 puros
  • Caja dress de 25 puros
  • Caja de tapa deslizante (slide lid box) de 25 puros

Notas de cata y perfil de sabor

A pesar de su tamaño modesto, el Small Coronas entregaba una complejidad sorprendente. El inicio ofrecía un bouquet dominado por cedro fresco y café tostado ligero, característicos del blend de volado y seco que Por Larrañaga empleaba en sus líneas más accesibles. A medida que avanzaba la fumada, emergían notas de cuero curtido y avellana tostada, con un fondo dulce que evocaba la panela raspada —ese dulzor terroso tan familiar en el paladar colombiano.

La textura del humo era sedosa, casi cremosa, con una resistencia ideal que permitía extraerlo sin esfuerzo excesivo. En el último tercio, aparecían matices de chocolate amargo y una leve especia de pimienta blanca, siempre dentro de un marco de fortaleza media-baja que nunca agredía el paladar. La ceniza, de color gris claro con tendencia blanquecina, evidenciaba la curación meticulosa de las hojas.

EspecificaciónDetalle
Nombre de fábricaFranciscanos
Longitud116 mm (4⅝″)
Ring gauge40
Peso oficial6.72 g
ConstrucciónTotalmente a mano
FortalezaMedia-baja

¿Con qué maridar el Por Larrañaga Small Coronas?

La delicadeza de este puro exige acompañantes que no dominen su sutileza. En territorio colombiano, propongo tres maridajes que respetan su carácter:

Café del Huila, origen Pitalito: Un espresso de cuerpo medio, con acidez cítrica contenida y notas de cacao, realza el dulzor natural del tabaco sin competir por atención. La temperatura del café, entre 60-65°C, mantiene vivos los aceites aromáticos que dialogan con el cedro del puro.

Ron Dictador 20 años: Aunque habitualmente asociamos los puros cubanos con el ron de la isla, este blend de Cartagena —con sus notas de vainilla, caramelo y roble tostado— complementa la cremosidad del Small Coronas sin añadir picor alcohólico. Servido en copa balón, a temperatura ambiente.

Chocolate santandereano 65% cacao: La versión de artisanos como Kah Kow o Cacao Hunters, con su perfil frutal y amargor equilibrado, crea un diálogo interesante con los matices de avellana del puro. El cacao de la región, cultivado en sombra, conserva una complejidad que no sofoca la vitola.

¿Para quién es este puro?

El Small Coronas estaba concebido para el fumador que valora la economía de tiempo sin sacrificar refinamiento. Su duración de 25-30 minutos lo hacía ideal para el descanso de la mañana o el cierre de una comida ligera. Era, en esencia, un puro de caballero —en el sentido clásico del término: discreto, bien educado, que no necesitaba alardear para demostrar categoría.

Hoy, quienes lo encuentren en humidores de colección o en la edición Millennium, deben aproximarse con expectativas ajustadas: no buscarán potencia, sino elegancia desvanecida, el placer de fumar un artefacto histórico que encapsula una época donde lo cubano se medía en sutileza, no en centímetros de ring gauge. Para el aficionado colombiano, representa una invitación a descubrir que la grandeza del habano no siempre viene en formatos monumentales.