¿Qué es el Por Larrañaga Lanceros?
El Por Larrañaga Lanceros es una vitola de 142 mm de longitud y ring gauge 42, catalogada como Corona en la nomenclatura de fábrica cubana, que pertenece a una de las marcas más antiguas de la isla, fundada en 1834. Este puro de capa clara y construcción totalmente a mano representa la elegancia perdida del habano pre-revolucionario, con un peso oficial de 9.29 gramos y una historia que se remonta a antes de 1960. Su producción se extendió por décadas hasta su discontinuación en los años ochenta, convirtiéndolo hoy en una pieza de colección codiciada por quienes buscan entender la evolución del tabaco cubano.

Historia del Por Larrañaga Lanceros
Por Larrañaga ostenta el privilegio de ser la marca habana más antigua registrada, creada cuando la isla aún era colonia española y el tabaco se comercializaba en lonjas de Londres y París. El Lanceros surgió en esa época dorada donde la finura de la vitola importaba tanto como el origen de la hoja, diseñado para fumadores que preferían una experiencia larga pero delicada. Durante su vida productiva, este puro se ofreció en presentaciones que hablan de otra época: cajas deslizantes de 25 y 50 unidades, estuches de cartón con cinco puros en tubos de aluminio individual, y la clásica caja de gala con 25 tubos.
La discontinuación del Lanceros en los años ochenta no respondió a una crisis de calidad, sino a las tendencias del mercado que privilegiaban vitolas más gruesas y cortas. Lo que entonces pareció un fin, hoy se revela como una ventaja: los ejemplares sobrevivientes, bien conservados en humidores de coleccionistas, ofrecen una ventana al pasado del tabaco cubano. El tiempo ha hecho su trabajo, y quien tenga la suerte de encender uno de estos Lanceros encontrará una maduración que no se puede replicar en producciones actuales.

Notas de cata y perfil de sabor
Encender un Por Larrañaga Lanceros es iniciar una conversación con el pasado. La capa, de tono canela claro típico de los habanos de la marca, desprende al calentarse aromas de cedro seco, cuero curtido y una dulzura sutil que anticipa lo que vendrá. El primer tercio sorprende por su suavidad: notas de pan tostado, almendra blanca y un fondo de té negro que limpia el paladar sin agredir.
A medida que avanza la fumada, el Lanceros revela su complejidad. El segundo tercio introduce matices de café con leche, caramelo quemado y esa tierra roja característica de las vegas de Vuelta Abajo. La construcción, impecable en los ejemplares bien conservados, permite una combustión pareja que no exige atención constante. El último tercio gana en intensidad sin perder elegancia: chocolate amargo, nuez moscada y un retrogusto de madera de cedro que permanece largo después de que la ceniza cae.

Especificaciones técnicas
| Vitola de fábrica | Corona |
|---|---|
| Longitud | 142 mm (5⅝″) |
| Ring gauge | 42 |
| Peso oficial | 9.29 g |
| Construcción | Totalmente a mano |
| Fortaleza | Media |
| Producción | Discontinuada (circa 1980s) |

¿Con qué maridar el Por Larrañaga Lanceros?
La delicadeza de este Lanceros exige acompañantes que no dominen su voz. En Colombia contamos con opciones que respetan su carácter sin competir por atención. Un café del Huila, de cuerpo medio y acidez cítrica equilibrada, funciona como espejo de sus notas de caramelo y nuez. La temperatura del café, entre 60 y 65 grados, no altera la capa ni apresura la combustión.
Para quien prefiera destilados, el ron Dictador 20 años ofrece la dulzura de la madera y el toffee sin el alcoholismo que ahogaría el tabaco. Servido en copa balón, sin hielo que condense, permite alternar sorbitos y bocanadas en un ritmo pausado. El chocolate santandereano, especialmente el de 65% cacao con notas de cítricos, completa una trilogía que eleva la experiencia: un cuadrado entre puro, café y cacao que habla de tierras tropicales compartidas.

¿Para quién es este puro?
El Por Larrañaga Lanceros no es para el fumador apresurado ni para quien busca impacto de nicotina. Es para el coleccionista que entiende que un habano es también documento histórico, para el curioso que quiere saber cómo sabía Cuba antes de ciertas revoluciones industriales. Su ring gauge 42 exige paciencia: la concentración del humo es menor, los sabores llegan con más sutileza, y quien no preste atención perderá la mitad de la conversación.
Es ideal para la mañana de un domingo, con luz natural y silencio, o para cerrar una cena ligera donde la conversación importe más que el postre. No lo recomendaría como primer habano: su rareza y su precio en el mercado de colección lo convierten en una experiencia que debe merecerse. Pero para quien ya ha recorrido las vitolas gruesas de hoy y busca entender de dónde vienen, el Lanceros es una clase magistral en 142 milímetros de tabaco.
