¿Qué es el Por Larrañaga Coronitas?
El Por Larrañaga Coronitas es una vitola panetela descontinuada de 34 ring gauge y 117 mm de longitud que dejó de producirse en Cuba durante la década de los ochenta. Este puro esbelto representa la elegancia perdida de los formatos delgados que dominaron el gusto del fumador refinado antes de que los cepos gruesos tomaran el protagonismo en el mercado actual. Hoy en día, cualquier caja sobreviviente se ha convertido en pieza de coleccionista, objeto de búsqueda obsesiva para quienes desean reconectar con la tradición más pura de la tabaquería cubana.
Historia del Por Larrañaga Coronitas
La marca Por Larrañaga, fundada en 1834 por el español Ignacio Larrañaga, es una de las más antiguas de Cuba, y el Coronitas ya figuraba en su catálogo antes de 1960. Esta vitola sobrevivió a la nacionalización de la industria tabacalera, manteniéndose en producción durante las primeras décadas de la era revolucionaria. Sin embargo, el declive de los formatos delgados —que exigen mayor destreza en el torcido y ofrecen menos margen comercial— sentenció su desaparición, probablemente a principios de los años ochenta.
El Coronitas pertenece a la familia de las panetelas, vitolas que en el siglo XIX y principios del XX eran consideradas el epítome del refinamiento. Su construcción manual en el formato de 34 × 117 mm requería torcedores de manos diestras y paciencia quirúrgica, capaces de enrollar capa, capote y tripa en un diámetro que hoy parece casi exótico. La caja deslizante de 25 unidades, con su tapa corrediza, era el empaque tradicional que aún hoy identifica a los coleccionistas cuando aparece en subastas o cavas privadas.
| Especificación | Detalle |
|---|---|
| Nombre de fábrica | Panetelas |
| Ring gauge | 34 |
| Longitud | 117 mm (4⅝″) |
| Peso oficial | 4.94 g |
| Fortaleza | Medio-baja |
| Construcción | Totalmente a mano |
| Envase | Caja deslizante de 25 puros |
Notas de cata y perfil de sabor
Quienes han tenido el privilegio de fumar un Coronitas bien conservado describen una experiencia de delicadeza extrema, muy distinta a la intensidad de los puros actuales. La capa clara y aceitosa, típica del claro de Por Larrañaga, desprende en frío notas de heno seco, cedro joven y almendra tostada. El encendido revela una entrada suave, casi susurrada, donde el café con leche y la vainilla aparecen antes que cualquier especia.
A medida que avanza la fumada, el Coronitas desarrolla una complejidad sorprendente para su tamaño: madera de cedro, cuero curtido, chocolate de leche y un fondo terroso que evoca los campos de Vuelta Abajo. El final, nunca agresivo, deja un regusto de avellana y café colado que invita a contemplar el cenicero con melancolía. La combustión es lineal, ceniza compacta de color gris perla, y el tiraje —en ejemplares bien humidificados— fluye sin esfuerzo.
¿Con qué maridar el Por Larrañaga Coronitas?
La ligereza de este puro pide acompañantes que no dominen la paleta. Un café del Huila, de cuerpo medio y acidez cítrica, establece diálogo perfecto con las notas de chocolate y avellana. Para quien prefiera destilados, el ron Dictador 20 años ofrece dulzor de miel de caña y vainilla que amplifica sin tapar. Y si se busca un cierre, el chocolate santandereano al 70% de cacao, con su amargor controlado, prolonga el placer terroso del final.
¿Para quién es este puro?
El Coronitas no es para el fumador apresurado ni para quien busca nubes de humo densas. Es para el coleccionista que entiende que fumar historia tiene precio, para el purista que valora la sutileza sobre la potencia, para la mañana tranquila con café recién colado y periódico en papel. También para quien desea comprender, desde la experiencia sensorial, por qué las panetelas dominaron durante siglo y medio el universo del habano.
Si aparece una caja en alguna subasta o la ofrece un contacto de confianza, verifique la procedencia, el estado de la sello de garantía y la integridad del barniz del cedro. Un Coronitas mal almacenado pierde todo: se vuelve amargo, áspero, caricatura de lo que fue. Pero bien conservado, es una ventana abierta a Cuba de antes, a una manera de entender el puro que hoy parece casi arqueológica.