¿Qué es el Partagás Carlotas? La elegancia desaparecida
El Partagás Serie du Connaisseur No.3, conocido en las fábricas habaneras por su nombre interno "Carlotas", fue una vitola delgada de 143 mm de longitud y ring gauge 35 que representó la sofisticación del puro cubano clásico. Lanzado antes de 1960 como parte de la línea Connaisseur —diseñada para fumadores exigentes que buscaban experiencias refinadas—, este puro mantuvo producción regular hasta su discontinuación en 2010, convirtiéndose hoy en una pieza de colección codiciada.
Historia del Partagás Carlotas: de la simplicidad al reconocimiento
La trayectoria del Carlotas refleja la evolución estética de la industria cubana. Durante décadas, este puro circuló completamente desnudo, sin banda alguna, permitiendo que su capa colorada brillara con toda su honestidad. Esta presentación austera, que hoy resulta casi inconcebible, era común en vitolas de prestigio que confiaban en su construcción para hablar por sí mismas.
Aproximadamente en 2005, Partagás estandarizó su imagen corporativa y el Carlotas recibió finalmente la Banda A tradicional de la marca: roja con el escudo dorado y las letras negras que identifican a la fábrica de la calle Industria. Este cambio, aunque menor, marca una época para los coleccionistas, quienes distinguen ejemplares "pre-banda" como verdaderos tesoros del habano.

La Serie du Connaisseur completa incluía tres numeraciones —No.1, No.2 y No.3—, siendo el Carlotas el formato más esbelto de la familia. Su producción en cajas deslizantes de 25 unidades (slide lid box) mantuvo la tradición de empaque que Partagás ha preservado desde el siglo XIX, con madera de cedro español que acondicionaba naturalmente los puros durante su maduración.

Notas de cata y perfil de sabor
El Carlotas ofrecía una experiencia de fortaleza suave a media, lejos de la potencia que caracteriza a otros integrantes de la marca como el Serie D No.4 o el Lusitanias. Su delgadez de 35 ring gauge exigía una combustión pausada, casi meditativa, donde cada calada revelaba matices que puros más gruesos entregan de golpe.
| Especificación | Valor |
|---|---|
| Nombre de fábrica | Carlotas |
| Longitud | 143 mm (5⅝″) |
| Ring gauge | 35 |
| Peso oficial | 6.39 g |
| Fortaleza | Suave a media |
| Elaboración | Totalmente a mano |
| Estado | Descontinuado (2010) |

Desarrollo aromático en tres tiempos
Primer tercio: La apertura sorprendía con notas de cuero curtido y madera de cedro, ese aroma que evoca los armarios de las casas coloniales cubanas. Una leve dulzura de canela aparecía apenas insinuada, como quien no quiere la cosa.
Segundo tercio: Aquí el Carlotas mostraba su verdadera complejidad. El chocolate amargo —no el dulce de leche, sino el de 70% cacao— tomaba protagonismo, acompañado de un fondo terroso que recordaba el humus de los vegas de Vuelta Abajo. La textura en boca era sedosa, casi aceitosa, sin asperezas.
Tercer tercio: El final ascendía en intensidad sin perder elegancia. Especias secas, nuez moscada y un retorno del cuero marcaban el cierre, con una duración total de 45 a 55 minutos que invitaba a reposar el puro y contemplar el cenicero.

¿Con qué maridar el Partagás Carlotas?
La sutileza de este puro demanda acompañamientos que no dominen su conversación. En el contexto colombiano, propongo tres matrimonios que respetan su carácter:
- Café del Huila, origen Pitalito: Un tinto de cuerpo medio, con acidez cítrica moderada, realza los matices de chocolate sin competir con el cuero. Evite los cafés muy tostados que ahogan el paladar.
- Ron Dictador 20 años: Su dulzura de caramelo y vainilla dialoga con la canela del Carlotas, mientras que la madera del añejo encuentra eco en el cedro del puro. Sirva sin hielo, en copa balón.
- Chocolate santandereano 65% cacao: El de Floridablanca o San Vicente de Chucurí, con su perfil frutal y amargor controlado, prolonga el segundo tercio del puro de manera casi mágica.

Evite los whiskies ahumados de Islay o los rones demasiado dulces; el Carlotas no necesita competir, necesita conversar.

¿Para quién es este puro?
El Carlotas era —y sigue siendo, en sus ejemplares envejecidos— un puro para el fumador de mañana, para quien encuentra en el habano un ritual de contemplación más que una demostración de fortaleza. Su formato delgado lo hacía ideal para quienes rechazan los "puros de brazo" actuales, esos monumentos de 50 o 60 ring gauge que exigen horas de dedicación.
El coleccionista lo busca por su rareza; el hedonista experimentado, por su equilibrio. Si usted disfruta los panetelas clásicos, los laguito elegantes o simplemente valora la tradición cubana antes de la moda de lo masivo, el Carlotas representa una ventana a una época donde el refinamiento no necesitaba gritar.
Hoy, encontrar una caja de 25 en buen estado de conservación —con sus sellos intactos y el aroma de cedro aún presente— es hazaña de paciencia y contactos. Si se le presenta la oportunidad, no dude: enciéndalo despacio, recuerde que fumó gente que sabía que algunas cosas buenas no regresan, y disfrute lo que significa tener entre los dedos un pedazo de historia que ya no se fabrica.