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Partagás Almirantes: historia, sabor y por qué es codiciado hoy

2 min de lectura · 362 palabras

¿Qué es el Partagás Almirantes?

El Partagás Almirantes es un puro cubano de vitola larga y delgada que nació antes de 1960 y se descontinuó durante la década de 1970, convirtiéndose hoy en una pieza de colección codiciada por los aficionados al tabaco vintage. Con 156 mm de longitud y ring gauge 37, este puro representaba la elegancia de la época dorada de la manufactura habanera, cuando las fábricas priorizaban formatos esbeltos que permitían una combustión fría y una fumada pausada.

Partagás Almirantes

Historia del Partagás Almirantes

La historia del Almirantes se entrelaza con los años previos a la revolución cubana, cuando Partagás ya era una de las marcas más respetadas de La Habana. Durante este período, la fábrica de Don Jaime Partagás —fundada en 1845— dominaba la producción de puros de carácter intenso y complejidad aromática. El Almirantes surgió como parte del catálogo regular de la marca, no como edición limitada, lo que significa que durante años fue accesible para los fumadores que buscaban una experiencia refinada sin la pompa de los formatos más gruesos.

Tras el triunfo de la revolución en 1959, la industria tabacalera pasó a manos estatales bajo el mando de Cubatabaco. El Almirantes sobrevivió a esta transición, manteniéndose en producción durante los años sesenta y principios de los setenta. Sin embargo, las tendencias del mercado comenzaron a inclinarse hacia vitolas más robustas, y el delicado ring gauge 37 perdió terreno frente a formatos como el Churchill o el Robusto. Para mediados de los setenta, el Almirantes desapareció del catálogo, sellando su destino como reliquia del pasado.

Especificaciones técnicas

VitolaAlmirantes
Longitud156 mm (6⅛″)
Ring gauge37
Peso oficial7.18 g
ElaboraciónTotalmente a mano
PresentaciónCaja de 25 unidades
EstadoDescontinuado (años 1970)

Notas de cata y perfil de sabor

Fumar un Partagás Almirantes hoy, si se tiene la fortuna de encontrar uno en buenas condiciones de conservación, es viajar al pasado del tabaco cubano. La capa habana, oscura y aceitosa tras décadas de maduración, desprende al encenderse una primera impresión de cuero curtido y madera de cedro. El tiro, característico de los ring gauges estrechos, demanda una succión pausada; apresurarse significa calentar la fumada y perder la sutileza que este formato promete.

A medida que avanza la experiencia, el perfil de Partagás se manifiesta con claridad: tierra negra, café tostado, especias dulces de clavo y nuez moscada. La segunda mitad introduce matices de chocolate amargo y un regusto mineral que evoca los suelos de Vuelta Abajo. La fuerza es media-alta, pero nunca agresiva; el formato delgado modera la entrega de nicotina, permitiendo una conversación prolongada sin mareo. El final, si el puro ha envejecido dignamente, ofrece una dulzura inesperada, caso de caramelo quemado y frutos secos.

¿Con qué maridar el Partagás Almirantes?

Para quienes logren acceder a un Almirantes en condiciones óptimas, el maridaje debe honrar su elegancia histórica. En Colombia, el café del Huila, especialmente de grano arábica con tueste medio, establece un diálogo natural con las notas tostadas del puro. La acidez cítrica del café equilibra la tirosina del tabaco, mientras que su cuerpo medio no opaca la delicadeza del formato.

Otra opción digna es el ron Dictador 20 años, cuyo paso por barricas de roble aporta vainilla y caramelo que conversan con la fase final del Almirantes. Para los amantes del cacao, el chocolate santandereano, con su alto contenido de grano trinitario, resalta los matices amargos y dulces del puro sin competir por atención. Evitar bebidas carbonatadas o demasiado frías; la temperatura ambiente o ligeramente templada preserva los aceites esenciales del tabaco.

¿Para quién es este puro?

El Partagás Almirantes no es para el fumador casual ni para quien busca una experiencia rápida entre reuniones. Este puro exige tiempo —al menos noventa minutos de dedicación plena— y una técnica de fumada consciente. Es ideal para el coleccionista que comprende que poseerlo implica responsabilidad: humedad constante entre 65% y 68%, temperatura estable, y la paciencia de esperar el momento adecuado.

También para el historiador del tabaco, aquel que valora los puros como documentos de una época. Cada Almirantes sobreviviente cuenta cómo se hacían las cosas antes de que la industria priorizara la producción masiva sobre la artesanía individual. Finalmente, para el amante de los formatos clásicos, los que extrañan la elegancia del Lancero y del Panetela en un mundo de Gordos y Doble Robustos. Encontrar uno hoy es hallar un fragmento vivo de La Habana de los años cincuenta, todavía capaz de encenderse y contar su historia.