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Montecristo Compay 95 Aniversario: historia, sabor y precio de esta edición limitada

2 min de lectura · 368 palabras

¿Qué es el Montecristo Compay 95 Aniversario?

El Montecristo Compay 95 Aniversario es una edición limitada de 2002 que celebra los 95 años del legendario Compay Segundo, compuesta por solo 95 humidores numerados individualmente. Cada humidor contiene 95 puros divididos entre dos vitolas: 55 Montecristo No.4 y 40 Salomones II, una figura creada exclusivamente para esta conmemoración. Se trata de una de las piezas más codiciadas por coleccionistas de puros cubanos, donde la música del son cubano se encuentra con la tradición tabacalera de La Habana.

Montecristo Compay 95 Aniversario Humidor packaging

Historia del Compay 95 Aniversario

En 2002, Habanos S.A. decidió rendir tributo a uno de los iconos culturales más importantes de Cuba: Máximo Francisco Repilado Muñoz, conocido mundialmente como Compay Segundo. El acordeonista y compositor, famoso por "Chan Chan" y su papel en el Buena Vista Social Club, había nacido en 1907 en Santiago de Cuba. La conmemoración no fue casual: Compay representaba la resistencia cultural cubana, su capacidad de mantener viva la tradición a pesar del tiempo.

La elección de Montecristo como marca vehículo respondió a su estatus de líder indiscutible en ventas internacionales. Desde su creación en 1935 por Alonso Menéndez, Montecristo había construido una reputación basada en la consistencia y el equilibrio. Para esta edición, los maestros torcedores de la fábrica H. Upmann en La Habana prepararon una selección que combinaba lo clásico con lo inédito: la vitola Marevas más emblemática de la marca junto a una figura completamente nueva.

Montecristo Compay 95 Aniversario Humidor

Las dos vitolas del humidor

VitolaNombre de fábricaCantidadRingLongitud
Montecristo No.4Marevas5542129 mm
Salomones IISalomón No.24057184 mm

El Montecristo No.4, con sus 129 mm de longitud y ring gauge 42, representa la esencia mediterránea de la marca: un puro de tercio medio que se ha mantenido en producción continua desde los años cincuenta. Por su parte, el Salomones II constituye una proeza técnica: 184 mm de longitud, ring 57 en su punto más ancho, con la característica doble capa de cabeza que exige años de experiencia para ejecutar correctamente. Esta figura, bautizada como Salomón No.2 en la nomenclatura de fábrica, nunca había aparecido antes en el catálogo de Habanos.

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Notas de cata y perfil de sabor

La experiencia de fumar un Montecristo No.4 de esta edición comienza con una capa colorado claro, ligeramente aceitosa, que libera aromas de heno seco y almendra tostada al acercarla a la nariz. El encendido revela inmediatamente el carácter terroso de la marca: tierra húmeda de Vuelta Abajo, madera de cedro recién cortada, un fondo de café molido que evoluciona hacia notas más complejas. En el segundo tercio aparece la nuez moscada y un toque de piel de naranja confitada, mientras que el final se inclina hacia el cuero curtido y el cacao amargo.

El Salomones II, por su construcción figurada, ofrece una progresión más dramática. Los primeros centímetros, con el ring más estrecho, concentran el sabor en una intensidad casi picante: pimienta negra, regaliz, humo de leña de cedro. Al abrirse el calibre, la fumada se vuelve cremosa, casi mantequilla de almendras, con una dulzura que recuerda al chocolate de cobertura. El último tercio recupera la fortaleza con café expreso y tabaco oscuro, dejando una persistencia en el paladar que supera los quince minutos.

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Fortaleza y duración

Ambas vitolas comparten el mismo blend de tripa, capote y capa proveniente de la Vuelta Abajo, aunque la experiencia difiere radicalmente por la geometría. El No.4 se sitúa en el rango medio-alto de fortaleza, con una duración aproximada de 45 minutos. El Salomones II, por su tamaño, alcanza los 90-120 minutos de fumada y exige una madurez palatal que solo adquieren los fumadores con años de práctica. La temperatura de combustión en la figura requiere atención constante: apurarla produce amargor, mientras que dejarla apagarse obliga a reencendidos que alteran el perfil.

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¿Con qué maridar el Compay 95 Aniversario?

Para el Montecristo No.4, un café del Huila de origen único, tostado medio, funciona como extensión natural del puro. La acidez cítrica del grano colombiano corta la grasa del tabaco sin competir por atención. Si prefiere destilados, el ron Dictador 20 años, con su perfil de vainilla y caramelo quemado, establece un diálogo elegante con las notas dulces del segundo tercio.

El Salomones II, por su complejidad y duración, demanda acompañamientos más contundentes. Un chocolate santandereano de 70% cacao, elaborado con grano de la región de San Vicente de Chucurí, ofrece amargor y frutos secos que resuenan con la evolución del puro. En bebidas, un whisky escocés de las Islas, tipo Laphroaig o Ardbeg, crea un contrapunto de turba y sal marina que realza inesperadamente las notas de cuero del final.

¿Para quién es este puro?

El Montecristo Compay 95 Aniversario no es un puro para fumar: es un puro para poseer, contemplar y, eventualmente, encender en ocasiones que lo ameriten. El coleccionista que adquiera uno de estos humidores está comprando un fragmento de historia cultural cubana, donde el tabaco y la música se fusionan en un objeto de arte funcional. Los 95 ejemplares existentes raramente aparecen en subastas, y cuando lo hacen, los precios superan los 25.000 dólares por el humidor completo.

En términos de experiencia de fumada, el No.4 resulta accesible para cualquier aficionado con conocimiento medio de puros cubanos: su formato corona es familiar, su evolución predecible dentro de lo placentero. El Salomones II, en cambio, exige dominio técnico. No es un puro para iniciar una conversación, sino para terminarla en silencio concentrado. Quien lo encienda debe disponer de tiempo, de un cenicero profundo, y de la humildad para reconocer que algunas fumadas trascienden el mero consumo para convertirse en memoria.