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La Flor de Cano Gran Coronas: historia, sabor y guía de cata completa

2 min de lectura · 272 palabras

¿Qué es el La Flor de Cano Gran Coronas?

El La Flor de Cano Gran Coronas es un puro cubano descontinuado de vitola Coronas Gordas (46 × 143 mm) que se produjo entre 1987 y 1992 en las fábricas de La Habana. Este puro representa una ventana única hacia el período de transición de los tabacos cubanos de finales de los ochenta, cuando la industria buscaba redefinir sus estándares de elaboración artesanal. Hoy en día, constituye una pieza de colección casi mítica para los aficionados que buscan ejemplares bien conservados en el mercado secundario.

La Flor de Cano Gran Coronas

Historia del Gran Coronas

La marca La Flor de Cano nació en 1884 de la mano de Tomás González y su esposa, y desde entonces se caracterizó por ofrecer puros accesibles pero honestos dentro del universo habano. El Gran Coronas llegó al mercado en 1987, en medio de una época convulsa para la industria cubana: la Revolución había pasado décadas atrás, pero la especialización en vitolas de gama media seguía siendo un nicho que pocas marcas dominaban con verdadera maestría.

Curiosamente, este puro nunca fue concebido como edición limitada. Su producción regular durante apenas cinco años —hasta 1992— lo convierte en un caso atípico dentro del catálogo histórico de Habanos S.A. La discontinuación no respondió a una estrategia de exclusividad, sino probablemente a la reestructuración de portafolio que la empresa acometió durante los años noventa. El resultado: un puro que hoy ronda los 30-35 años de añejamiento en los humidores más selectos.

Especificaciones técnicas

Característica Especificación
Vitola de fábrica Coronas Gordas
Ring gauge 46
Longitud 143 mm (5⅝″)
Peso oficial 11.41 g
Elaboración Totalmente a mano
Presentación Cajas de 25 unidades (tapa deslizante)
Banda Band A (estándar La Flor de Cano)
Período de producción 1987-1992

Notas de cata y perfil de sabor

Encender un Gran Coronas bien conservado es una experiencia que evoca inmediatamente la Cuba de finales del siglo XX. La primera impresión suele ser de cedro maduro y cuero curtido, esa combinación terrosa que los habanos de la época lograban sin esfuerzo ostentoso. La capa, de color colorado claro tirando a maduro, promete una combustión pausada que raramente defrauda.

En el desarrollo, el puro revela capas de café tostado y nueces molidas, con un dulzor sutil que recuerda a la panela raspada —esa textura granulada y aroma de caña que conocemos bien en Colombia—. La fortaleza se mantiene en el rango medio, nunca agresiva, con una retrohale que entrega pimienta blanca y toques de chocolate amargo. El final, prolongado para una vitola de este calibre, deja memoria de madera de roble y un regusto mineral que invita a otra fumada.

La textura del humo es sedosa, casi cremosa, con una resistencia ideal que permite conversar entre caladas sin que la brasa se extinga o se sobrecaliente. Es un puro que premia la paciencia: apurarlo sería desperdiciar tres décadas de reposo.

¿Con qué maridar el Gran Coronas?

Dado su carácter terroso y su dulzor contenido, el Gran Coronas se presta para maridajes que no compitan por atención sino que conversen con él. En nuestra tradición colombiana, propongo tres acompañamientos que he probado con ejemplares de colección:

  • Café del Huila, origen Pitalito, proceso lavado: Su acidez cítrica moderada y notas de cacao limpio resaltan el dulzor natural del tabaco sin enmascarar los matices de tierra.
  • Ron Dictador 20 años: La complejidad oxidativa de este espirituoso cartagenero —vainilla, caramelo, roble americano— dialoga con la evolución del Gran Coronas hacia su tercio final.
  • Chocolate santandereano 70% cacao: El de Santander, con su perfil frutal y amargor elegante, prolonga las notas de cacao del puro sin redundancia.

Si prefiere opciones más clásicas, un Armagnac de 15-20 años o un Single Malt de las Islas con crianza en jerez funcionan admirablemente. Evite los licores demasiado dulces o los vinos tintos jóvenes con taninos agresivos: ahogarían la sutileza de este habano.

¿Para quién es este puro?

El Gran Coronas no es para el fumador ocasional que busca volumen de humo o impacto inmediato. Es para quien entiende que fumar un puro descontinuado de 1987-1992 es, ante todo, un acto de memoria histórica. Ideal para el coleccionista que ya tiene sus cajas de Cohiba Espléndidos y busca completar el mosaico de marcas menores pero representativas. También para el aficionado curioso que quiere comprender cómo sabía Cuba antes de la especialización extrema en marcas globales.

Si logra conseguir uno en subasta o de manos de un coleccionista de confianza, trátelo con la reverencia que merece: humedad constante al 65-68%, temperatura ambiente, y la certeza de que está fumando algo que no volverá a existir.