¿Qué es el La Flor de Cano Diademas?
El La Flor de Cano Diademas es un puro cubano descontinuado de formato figurado Julieta No.2, lanzado en 1987 y producido únicamente hasta 1992. Con sus 178 mm de longitud y cepo 47, este puro de vitola elegante y generosa se convirtió en una de las piezas más codiciadas del mercado secundario, representando un capítulo breve pero memorable en la historia de una marca tradicionalmente asociada a formatos más modestos y accesibles.

Historia del La Flor de Cano Diademas
La marca La Flor de Cano nació en 1884 en la provincia de Las Villas, y durante décadas se consolidó como una opción confiable para quienes buscaban puros cubanos de cuerpo medio y precios razonables. Sin embargo, a mediados de los años ochenta, Habanos S.A. decidió experimentar con algo atípico para la casa: un formato grande, sofisticado, que rompiera con la imagen de marca accesible.
Así nació el Diademas en 1987, bajo el nombre de fábrica Julieta No.2. La elección no fue casual: este formato figurado, con su característica cabeza redondeada y cuerpo cilíndrico, evocaba los grandes puros de épocas doradas. La producción, sin embargo, resultó efímera. Cinco años después, en 1992, el Diademas desapareció del catálogo sin explicaciones oficiales, posiblemente víctima de la reorganización de la industria tabacalera cubana tras la creación de Habanos S.A. en 1994.

La escasez de estos cinco años de producción —presentados en cajas semi boîte nature de 25 unidades— ha convertido al Diademas en una pieza de colección casi mítica. Encontrar una caja sellada hoy implica una inversión considerable, y los puros sueltos, cuando aparecen en subastas o entre coleccionistas, alcanzan precios que multiplican por diez o veinte su valor original.

Notas de cata y perfil de sabor
El Diademas ofrece una experiencia de fumada prolongada, fácilmente superior a las dos horas para quienes saboreen con calma. A pesar del tamaño, el tiro se mantiene abierto y generoso, sin la resistencia que a veces acompaña a los figurados de gran dimensión.
El perfil aromático evoluciona con notable complejidad. Los primeros tercios entregan notas de cedro fresco y nuez tostada, con un fondo de café recién molido que recuerda a los granos del Huila en tostión media. A medida que avanza la fumada, emerge un carácter más terroso: cuero curtido, tierra húmeda de vega tabacalera, y un dulzor sutil de miel de caña que nunca llega a empalagar. El último tercio intensifica las especias —pimienta blanca, clavo de olor— sin perder la elegancia que define a la marca.

Características técnicas
| Nombre de fábrica | Julieta No.2 |
| Longitud | 178 mm (7") |
| Cepo | 47 |
| Peso oficial | 15.07 g |
| Elaboración | Totalmente a mano |
| Presentación | Caja semi boîte nature de 25 |
| Año de lanzamiento | 1987 |
| Descontinuado | 1992 |
| Fortaleza | Media a media-alta |

¿Con qué maridar el La Flor de Cano Diademas?
Dada su complejidad y duración, el Diademas demanda acompañantes que no se eclipsen fácilmente. En territorio colombiano, propongo tres maridajes que respetan su caráter sin competir por atención:
- Café del Huila, grano de origen: Un espresso de cuerpo medio, sin tueste excesivo, permite que los matices de cedro y nuez del puro dialoguen con las notas cítricas típicas de esta región. Evitar bebidas lácteas que empalaguen el paladar.
- Ron Dictador 20 años: La complejidad oxidativa y los toques de vainilla y caramelo del ron cartagenero complementan el desarrollo terroso del Diademas en su segunda hora de fumada.
- Chocolate santandereano 70% cacao: La amargura controlada y el perfil frutal del cacao de la región realzan el dulzor natural del tabaco sin generar saturación.

Para quienes prefieran destilados más secos, un whisky escocés de las Islas, tipo Caol Ila o Lagavulin, funciona admirablemente en los tramos finales, cuando el puro gana en intensidad especiada.
¿Para quién es este puro?
El Diademas no es un puro para el fumador ocasional ni para quien busca una experiencia rápida. Su formato exige compromiso temporal y atención sostenida. Es, ante todo, un puro de coleccionista que ocasionalmente se permite el lujo de encender una pieza de su tesoro.
El perfil de sabor, aunque refinado, no intimida al paladar: su cuerpo medio lo hace accesible para quienes se inician en puros cubanos de formato grande, siempre que comprendan que están consumiendo historia. Para el veterano, representa una ventana al Cuba tabacalera de finales de los ochenta, antes de las grandes transformaciones industriales.
Si tienes la fortuna de encontrar un Diademas en condiciones óptimas —con el sello de garantía intacto, la caja sin abrir, y la humedad adecuada— mi recomendación es resistir la tentación de encenderlo. Al menos de inmediato. Este es el tipo de puro que justifica una ocasión memorable: un acuerdo cerrado, una fecha redonda, una despedida digna. Porque una vez que se apaga, no hay forma de recuperar el humo de 1987.