¿Qué es el Juan López Petit Coronas?
El Juan López Petit Coronas fue un puro cubano de vitola Marevas con ring gauge 42 y 129 mm de longitud, producido desde antes de 1960 hasta su desaparición en 2017. Representaba la expresión más accesible de la marca Juan López, ofreciendo una fumada mediana con notas de cedro, café y especias que conquistó a generaciones de aficionados antes de que Habanos S.A. decidiera eliminarlo del catálogo regular.

Historia del Juan López Petit Coronas: de la Habana a la desaparición
La marca Juan López nació en 1876 de la mano del español Juan López Díaz, quien fundó su fábrica en el corazón de La Habana. Aunque nunca alcanzó la fama de Cohíba o Montecristo, siempre mantuvo una reputación de puros honestos, bien construidos y de precio razonable. El Petit Coronas se consolidó como uno de sus pilares antes de la revolución, sobreviviendo a la nacionalización de la industria tabacalera en 1960.
Durante más de medio siglo, este Marevas salió de las manos de torcedores cubanos con el nombre de fábrica que identifica a la vitola: 42 de anillo por 129 milímetros de largo, el formato clásico que también usan el Montecristo No. 4 y el H. Upmann Petit Coronas. La última caja con fecha de elaboración conocida corresponde a 2014, aunque algunas unidades permanecieron en inventario hasta 2017. Su desaparición no fue anunciada con bombo: simplemente dejó de aparecer en los listados de Habanos S.A., víctima de la concentración de la oferta en formatos más rentables.

Especificaciones técnicas
| Vitola de galera | Marevas |
|---|---|
| Ring gauge | 42 |
| Longitud | 129 mm (5⅛″) |
| Peso oficial | 8.46 g |
| Elaboración | Totalmente a mano |
| Presentación | Caja de 25 unidades (dress box) |
| Anillas | A y B (estándar de la marca) |
| Fortaleza | Media (3/5) |

Notas de cata y perfil de sabor
Encender un Juan López Petit Coronas era recibir una invitación a la tradición habanera sin pretensiones. El arranque ofrecía madera de cedro recién cepillada, ese aroma que evoca los armarios de las casas coloniales cubanas. A medida que avanzaba la primera tercera, aparecían notas de café tostado —no el espresso intenso, sino el de pasilla colombiana, suave y aromático— junto a un fondo de nuez moscada que daba calidez sin agredir el paladar.
La segunda tercera desarrollaba el carácter más interesante del puro: un toque de cuero curtido, casi como el de una silla de montar usada, que se mezclaba con dulces reminiscencias de miel de caña. El final, nunca agresivo, mantenía la elegancia con un regreso al cedro y una leve pimienta blanca en la retro nasal. La combustión, cuando la suerte acompañaba —pues Juan López tuvo épocas de construcción irregular—, era de línea recta y ceniza compacta de color gris plata.
En términos de valoraciones, los aficionados le otorgaban consistentemente 4 de 5 en elegancia, equilibrio, complejidad y retrogusto. Su fortaleza media lo hacía versátil: ni el principiante se sentía abrumado, ni el fumador experimentado se aburría. El problema, siempre, era conseguirlos: nunca tuvieron la distribución masiva de otros vitolas de la marca.

¿Con qué maridar el Juan López Petit Coronas?
La desaparición de este puro no impide soñar con el maridaje perfecto, y aquí entra el gusto colombiano. Para el café de la mañana, un Huila o Nariño de cuerpo medio, preparado en prensa francesa o chemex, resaltaba las notas dulces del tabaco sin competir con su suavidad. La acidez cítrica típica de estos origenes cortaba la pequeña sequedad que podía dejar el final del puro.
En la tarde, el compañero ideal era un ron Dictador 20 años o el Parce 8 años: rones colombianos con suficiente dulzor de vainilla y caramelo para dialogar con el cedro, pero sin el peso de los añejos más pesados que hubieran opacado la fumada. Para quienes prefieren el chocolate, el chocolate santandereano en 65% de cacao, con su perfil terroso y poco azúcar, creaba un puente perfecto con las notas de cuero y especias del segundo tercio.
Evitar los destilados de grano jóvenes o los vinos tintos tanínicos: el Petit Coronas pedía acompañantes que supieran escuchar, no gritar.

¿Para quién es este puro?
El Juan López Petit Coronas era, en esencia, un puro de transición. Para el aficionado que venía de los formatos pequeños —minutos, entreactos— y quería dar el salto a algo más serio sin caer en los robustos de 50 ring gauge que dominan el mercado actual. También para el fumador experimentado que buscaba una fumada de 45-50 minutos, discreta pero satisfactoria, para la tarde de un sábado o después de un almuerzo ligero.
Hoy, con su desaparición, solo quedan las cajas en humidores de coleccionistas y algunas unidades sueltas en tiendas especializadas a precios que ya no tienen relación con su humilde origen. Si aparece una caja con sello de 2012-2014 en buenas condiciones, vale la pena el desembolso: el Marevas es un formato que envejece con dignidad, y el Juan López, aunque nunca fue el más famoso, sabía guardar secretos que el tiempo revela con generosidad.
En el panorama actual de Habanos S.A., donde las vitolas clásicas de 42 y 43 de ring gauge desaparecen sistemáticamente, el Juan López Petit Coronas se une a una lista creciente de ausencias que define la nostalgia del aficionado contemporáneo. No era el mejor puro de Cuba, pero era honesto, accesible y cubano de verdad. Eso, en tiempos de marketing sofisticado, ya cuenta como virtud rara.