¿Qué es el Juan López Patricias?
El Juan López Patricias fue una vitola de 116 mm de largo y ring gauge 40, conocida en las fábricas de La Habana como "Franciscanos", que representó la esencia clásica de los puros cubanos hasta su desaparición en 2002. Este corona de construcción totalmente a mano encapsulaba el estilo tradicional de la marca Juan López, fundada en 1876 por el español Juan López Díaz, y se convirtió en referencia obligada para quienes buscaban una fumada mediana de carácter auténtico y sin artificios.
Historia del Juan López Patricias
La Patricias nació antes de 1960, situándola entre las generaciones fundacionales del habano moderno. En aquella época, las fábricas habaneras consolidaban formatos que perdurarían décadas, y el "Franciscanos" —nombre que recibía en los talleres— respondía a la demanda de fumadores que preferían puros de tamaño contenido pero con desarrollo aromático completo.
Durante más de cuatro décadas, esta vitola mantuvo su lugar en el portafolio de Juan López, acompañando a formatos más robustos como el Selección No. 1 y No. 2. Su discontinuación en 2002 no respondió a problemas de calidad, sino a las reorganizaciones comerciales de Habanos S.A., que concentraba sus esfuerzos en vitolas de mayor rotación. Hoy, encontrar una caja de 25 unidades en buen estado es tarea de cazadores de tesoros: el mercado secundario las cotiza entre coleccionistas y fumadores nostálgicos que anoran aquella Cuba anterior.
Características técnicas
| Especificación | Detalle |
|---|---|
| Nombre de fábrica | Franciscanos |
| Longitud | 116 mm (4⅝″) |
| Ring gauge | 40 |
| Peso oficial | 6.72 g |
| Presentación | Caja de 25 (dress box) |
| Anilla | Estándar A de Juan López |
| Fortaleza | Media |
| Estado | Descontinuado (2002) |
Notas de cata y perfil de sabor
Encender un Patricias bien conservado —idealmente con más de quince años de caja— es recuperar una manera de fumar que hoy parece casi arqueológica. El inicio ofrece madera de cedro recién cepillada, ese aroma que los torcedores asocian con los galeras de Partagás y La Corona en los años sesenta. A medida que avanza la primera tercera, emerge un café tostado de tueste medio, sin amargores, acompañado de nuez moscada y una pizca de pimienta blanca.
El segundo tercio es donde el puro revela su verdadera conversación: cuero curtido, tierra húmeda de vega, y un dulzor sutil que recuerda la melaza de caña antes de que se convierta en ron. La textura del humo es sedosa, casi cremosa, producto de la ligada cuidadosa que privilegiaba hojas de volado menos dominantes. Hacia el final, aparecen notas de chocolate amargo y un retrogusto de almendra tostada que invita a fumar despacio, consciente de que cada bocanada es irrepetible.
¿Con qué maridar el Juan López Patricias?
Para esta vitola de carácter refinado pero no agresivo, propongo maridajes que honren su origen cubano desde el territorio colombiano:
- Café del Huila: Un espresso de grano arábigo con cuerpo medio, sin quemar. La acidez cítrica típica de esta región dialoga con el dulzor terroso del puro.
- Ron Dictador 20 años: El perfil de caramelo, vainilla y roble tostado del ron cartagenero complementa el cuero y la madera del Patricias sin competir por atención.
- Chocolate santandereano 70% cacao: La amargura controlada y las notas de frutos secos del chocolate de San Vicente de Chucurí realzan el final del puro sin empalagar.
Evito los destilados de alta graduación sin diluir: el Patricias, con sus 40 de ring gauge, se ahoga ante el alcohol desnudo. Prefiero un café americano largo o un ron con hielo de roca que vaya abriendo sus capas poco a poco.
¿Para quién es este puro?
El Juan López Patricias no es para el fumador impaciente que busca impacto inmediato ni para quien mide el valor de un habano por su tamaño. Es, ante todo, un puro de contemplación: para quienes disfrutan los formatos clásicos, las coronas de antaño, esas fumadas de cuarenta minutos que dejan tiempo para pensar entre bocanada y bocanada.
El coleccionista lo persigue por su rareza creciente; el fumador experimentado, por su elegancia desaparecida. Si nunca lo has probado, busca una caja en subastas especializadas o en la bodega de algún aficionado de la vieja guardia. Fúmalo en una tarde lluviosa, con tiempo de sobra, y entenderás por qué algunos mitos del habano no necesitan resurrección: su memoria basta.