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Hoyo de Monterrey Concorde: historia, sabor y por qué desapareció

2 min de lectura · 303 palabras

¿Qué es el Hoyo de Monterrey Concorde?

El Hoyo de Monterrey Concorde fue un puro cubano de vitola Julieta No.2 que midió 178 mm de largo con ring gauge 47, producido artesanalmente desde antes de 1960 hasta su desaparecimiento en los años ochenta. Pertenece a la histórica marca Hoyo de Monterrey, fundada en 1865 por José Gener en la Vuelta Abajo, y representa una de las expresiones más elegantes de la tradición tabaquera cubana del siglo XX. Su formato alargado y construcción manual lo convirtieron en una referencia para quienes buscaban fumadas extensas pero de carácter refinado.

Hoyo de Monterrey Concorde

Historia del Concorde: de la gloria a la desaparición

El Concorde nació en una época dorada para Hoyo de Monterrey, cuando la marca consolidaba su reputación como creadora de puros de ligada suave pero compleja. Durante aproximadamente dos décadas, formó parte de la producción regular de la fábrica, comercializándose en cajones de 100 unidades que evidenciaban su vocación de producto de mercado masivo, aunque nunca dejó de ser elaborado completamente a mano.

Su discontinuación en los años ochenta responde a las complejas dinámicas de la industria tabacalera cubana de esa década: reestructuraciones en Habanos S.A., cambios en las preferencias del consumidor hacia formatos más cortos, y la concentración de la oferta en vitolas de mayor rotación. El Concorde, con sus siete pulgadas de extensión, quedó rezagado en un mercado que demandaba puros de menor tiempo de fumada. Hoy, las unidades conservadas en humidores privados son piezas de coleccionista que raramente aparecen en subastas internacionales.

Notas de cata y perfil de sabor

La experiencia del Concorde comenzaba con una capa de color claro a medio, típica de los tabacos de San Juan y Martínez, con textura sedosa y vena fina. Al encender, desplegaba un primer tercio de notas herbáceas frescas, hierba recién cortada y un fondo de cedro que anticipaba la evolución hacia complejidades mayores.

En el segundo tercio, el Concorde revelaba su verdadera personalidad: miel de caña, almendra tostada y un toque de cuero curtido que emergía con suavidad, nunca invasiva. La fortaleza se mantenía en medio-bajo, lo que permitía apreciar la delicadeza de la mezcla sin fatiga. El último tramo introducía matices de chocolate amargo y café tostado, con una retroalimentación nasal que dejaba recuerdos de vainilla y especias dulces.

Especificación Detalle
Vitola de fábrica Julieta No.2
Longitud 178 mm (7 pulgadas)
Ring gauge 47
Peso oficial 15.07 gramos
Fortaleza Medio-bajo
Capa Clara a medio
Producción Manual, totalmente a mano
Estado Descontinuado (años 1980)

Construcción y quemado

Los ejemplares bien conservados del Concorde evidencian la pericia de los torcedores de la época: dibujo uniforme, ceniza de color gris claro que se sostenía en columnas de hasta tres centímetros, y una combustión recta que raramente requería correcciones. El tiempo de fumada oscilaba entre los 90 y 120 minutos, dependiendo del ritmo del fumador.

¿Con qué maridar el Hoyo de Monterrey Concorde?

Aunque ya no es posible adquirir un Concorde nuevo, los humidores que aún lo conservan merecen maridajes que honren su delicadeza. El café del Huila, especialmente de grano arábico con tueste medio, complementa sus notas de miel y almendra sin competir por el paladar. Para quienes prefieren destilados, el ron Dictador 20 años ofrece la dulzura de caramelo y roble que dialoga con el cuero y el chocolate del último tercio.

El chocolate santandereano de 70% cacao, con su amargor controlado y frutos secos, funciona como acompañamiento ideal entre puffs, limpiando el paladar sin saturar. En horas de la mañana, un té negro de Ceylán con notas cítricas también resulta compatible con el carácter herbáceo del arranque.

¿Para quién es este puro?

El Concorde estaba concebido para el fumador que valora la duración como virtud, no como obstáculo. Su fortaleza contenida lo hacía accesible para quienes se iniciaban en los puros cubanos, mientras su complejidad evolutiva satisfacía a los paladares entrenados que buscaban sutileza sobre impacto. Era, en esencia, un puro de contemplación: para tardes largas, conversaciones que se extienden, o momentos de soledad deliberada.

Hoy, quienes lo encuentren en subastas o colecciones privadas deben considerar que cualquier ejemplar supera los cuarenta años de antigüedad. La conservación en condiciones óptimas —22 °C y 65% de humedad relativa— es imperativa para que el tabaco no haya perdido sus aceites esenciales. Fumar un Concorde en el presente es, ante todo, un ejercicio de arqueología sensorial: reconstruir, a través del humo, cómo se concebía la elegancia en el Habano de otra época.