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Guía del Upmann No.3: historia, sabor y maridaje del clásico cubano

2 min de lectura · 298 palabras

¿Qué es el H. Upmann No.3?

El H. Upmann No.3 fue un puro cubano de vitola Coronas que midió 142 mm de largo con cepo 42, fabricado a mano desde antes de 1960 hasta su desaparición en los años ochenta. Este clásico descontinuado representa la elegancia discreta de la época dorada de la Habana, cuando los puros se construían sin prisa y con tabacos que hoy solo sobreviven en humidores de coleccionistas. Su nombre de fábrica, "Coronas", lo alineaba con la tradición de los formatos medios que dominaban las vitrinas de La Habana antes de la moda de los diámetros gruesos.

H. Upmann Upmann No.3

Historia del H. Upmann No.3

La marca H. Upmann, fundada en 1844 por el banquero alemán Hermann Upmann, siempre se distinguió por puros de carácter refinado y aromaticidad moderada. El No.3 emergió como parte de esa tradición, ofreciendo una experiencia que privilegiaba la sutileza sobre la potencia. En sus primeros años, el puro se vendía en cajones de 50 unidades, un formato que desapareció antes de 1960 y que hoy sería considerado un lujo arqueológico.

Con el tiempo, la presentación evolucionó hacia cajas de vestir de 25 puros, manteniendo la misma construcción artesanal que definía la fábrica. Sin embargo, la década de 1980 marcó su fin: la producción regular cesó y el No.3 se convirtió en referencia de culto, perseguido por quienes buscan reconstruir el mapa sensorial del habano clásico.

Especificaciones técnicas

Vitola de fábrica Coronas
Longitud 142 mm (5⅝″)
Cepo (ring gauge) 42
Peso oficial 9.29 g
Construcción Totalmente a mano
Estado actual Descontinuado (1980s)

Notas de cata y perfil de sabor

Aunque hoy rara vez se encienden ejemplares en condiciones óptimas, los relatos de quienes fumaron el No.3 en su época describen un habano de fortaleza media-baja, con un desarrollo aromático que privilegiaba la elegancia sobre la intensidad. La capa clásica de la época —colorado claro, casi amarillenta en algunos lotes— entregaba una entrada suave donde el cedro dominaba sin agresividad.

A medida que avanzaba la fumada, emergían notas de café recién molido, cuero curtido y un fondo terroso que evocaba los secaderos de San Juan y Martínez. El cierre, en puros bien conservados, tendía hacia el chocolate amargo y las especias dulces, siempre dentro de un espectro contenido que nunca abandonaba la cortesía. La combustión, característica de los años dorados, era lenta y generosa en ceniza firme.

¿Cómo se comportaba en humidor?

Los ejemplares que han sobrevivido —generalmente en colecciones privadas— requieren condiciones extremadamente estables. El tabaco cubano de los sesenta y setenta, con sus fermentaciones naturales más prolongadas, envejecía con dignidad, aunque el No.3 nunca fue concebido como puro de larga maduración. Quien conserve uno hoy debería considerarlo documento histórico antes que invitación a la fumada.

¿Con qué maridar el H. Upmann No.3?

Si por azar del destino apareciera un No.3 en condiciones de encenderse, el maridaje debería respetar su carácter delicado. En territorio colombiano, tres opciones lo acompañarían sin eclipsarlo:

  • Café del Huila, método V60 o chemex: La acidez cítrica y el cuerpo medio de los granos de Pitalito o Palestina dialogarían con el perfil terroso del puro, sin competir por atención.
  • Ron Dictador 20 años: El dulzor de la madera tostada y las notas de caramelo del ron de Cartagena complementarían el cierre especiado del habano.
  • Chocolate santandereano 70% cacao: La amargura controlada y el perfil frutado del cacao de San Vicente de Chucurí reforzarían las notas de chocolate amargo del tramo final.

Evitaría los destilados agresivos —whisky de turba, aguardientes jóvenes— que habrían anulado la conversación antes de empezar.

¿Para quién es este puro?

El H. Upmann No.3 ya no es para nadie en sentido práctico: es un fantasma del humidor, un nombre que aparece en catálogos antiguos y en conversaciones de coleccionistas. Sin embargo, su legado permanece relevante para quienes buscan comprender la evolución del gusto cubano. Si encuentra un ejemplar auténtico, el coleccionista deberá decidir entre preservarlo como testimonio o consumirlo como experiencia irrepetible.

Para el fumador contemporáneo, el No.3 ofrece una lección de modos: en tiempos de cepos 56 y puros que duran dos horas, este habano recordaba que la grandeza no requiere volumen. Quien disfruta hoy un H. Upmann Magnum 46 o un Connoisseur No.1 hereda algo de esa misma filosofía: tabaco que respira, que no apremia, que confía en la paciencia del fumador.

En el mercado actual, los No.3 originales alcanzan precios de subasta que desconectan al puro de su función primigenia. Quien los posee guarda un fragmento de la memoria habanera, no una invitación a la mesa.