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Guía del H. Upmann Super Coronas: historia, sabor y por qué desapareció

2 min de lectura · 308 palabras

¿Qué es el H. Upmann Super Coronas?

El H. Upmann Super Coronas fue una vitola de producción regular que midió 143 mm de largo con un cepo de 46 ring gauge, fabricada a mano en Cuba durante más de cuatro décadas hasta su desaparición definitiva en 2002. Este puro representó el espíritu clásico de la marca H. Upmann: elegancia medida, complejidad sin estridencias y una construcción que privilegiaba la paciencia del fumador sobre la inmediatez del impacto. Su formato, conocido en fábrica como Coronas Gordas, ocupó un lugar intermedio entre la robustez de un robusto y la delicadeza de una corona tradicional.

H. Upmann Super Coronas

Historia del H. Upmann Super Coronas

Los orígenes del Super Coronas se remontan a la época pre-revolucionaria, cuando H. Upmann ya gozaba de prestigio internacional como proveedor de la realeza europea. Durante décadas, este puro se mantuvo como una de las ofertas estables de la marca, sin alardes pero con una fidelidad de clientela que pocos vitolas logran construir. La historia del Super Coronas, sin embargo, no fue lineal: alrededor de 1994, la versión envuelta en cedro desapareció de los catálogos, dejando únicamente la presentación estándar.

Lo curioso es que, tras seis años de ausencia, la vitola regresó momentáneamente a finales del 2000. Este breve resucitamiento de apenas dos años convierte a ciertos lotes de producción en piezas particularmente codiciadas por coleccionistas. La discontinuación definitiva llegó en 2002, cerrando un ciclo que había durado más de cuarenta años. Hoy, encontrar una caja de 25 unidades en buen estado es tarea de cazadores de tesoros tabacaleros.

Especificaciones técnicas

Característica Valor
Nombre de fábrica Coronas Gordas
Longitud 143 mm (5⅝″)
Cepo (ring gauge) 46
Peso oficial 11.41 g
Elaboración Totalmente a mano
Fortaleza Media
Producción Discontinuada en 2002
H. Upmann Super Coronas

Notas de cata y perfil de sabor

El Super Coronas se construía sobre una base de tabacos de la Vuelta Abajo que, con el reposo adecuado, desarrollaban un carácter terroso y especiado de evolución pausada. En la primera tercera, el encendido revelaba notas de cedro fresco y nuez tostada, ese aroma característico de los H. Upmann bien conservados. La combustión, siempre que el puro hubiera descansado en condiciones óptimas, tendía a ser recta y ceniza firme de color gris claro.

Al avanzar, el perfil ganaba complejidad: café de tueste medio, cuero curtido y un fondo de chocolate amargo que nunca llegaba a dominar. La última tercera intensificaba las especias —pimienta blanca, clavo de olor— sin perder la suavidad que definía a la marca. El humo, cremoso y abundante, invitaba a fumar despacio, casi en silencio. Era un puro de conversación, no de monólogo.

Presentaciones históricas

  • Caja de 25 con envoltura de cedro: la presentación premium, discontinuada hacia 1994. Las cajas sobrevivientes son objeto de culto.
  • Caja de 25 estándar: la versión que persistió hasta 2002, más accesible pero igual de digna.

¿Con qué maridar el H. Upmann Super Coronas?

La fortaleza media y el carácter terroso del Super Coronas pedían acompañantes que no compitieran por la atención. En el universo colombiano, tres maridajes funcionaban con naturalidad:

El café del Huila, especialmente de notas cítricas y cuerpo medio, extendía la conversación entre el humo y la taza sin saturar el paladar. Un espresso bien extraído, sin quemar, resaltaba el dulzor natural del tabaco.

El ron Dictador 20 años, con su paso por barriles de bourbon y su perfil de vainilla y caramelo, encontraba en el Super Coronas un interlocutor paciente. La clave era servirlo sin hielo, a temperatura ambiente, para que los aromas se encontraran de igual a igual.

Para quien prefiriera el dulce, el chocolate santandereano de 70% cacao, con su amargor controlado y su textura sedosa, cerraba la fumada con una elegancia que el puro merecía.

¿Para quién es este puro?

El H. Upmann Super Coronas era —y sigue siendo, en sus versiones envejecidas— un puro para el fumador que valora la sutileza sobre el impacto. No era el vitola que elegías para impresionar a alguien con el grosor de la ceniza, sino el que guardabas para una tarde de lluvia con un libro o una conversación que merecía tiempo.

Hoy, quien lo encuentre en una humidor de coleccionista debe saber que está ante un testimonio de otra época del tabaco cubano: antes de la moda de los diámetros exagerados, cuando un 46 ring gauge ya se consideraba generoso y cuando la paciencia del torcedor se medía en décadas, no en temporadas. Si te cruzas con una caja, verifica el sello, huele el cedro, y decide si la abres o la guardas. Ambas decisiones son válidas. Solo una es irreversible.