¿Qué es el H. Upmann Hussars?
El H. Upmann Hussars fue una vitola de 32 ring gauge y 152 mm de longitud que debutó antes de 1960 bajo la fábrica "Palmitas" y se mantuvo en producción hasta los años 70. Este puro cubano de formato panatela representa una época dorada del tabaco habano, cuando las vitolas delgadas y elegantes dominaban las fumadas de los conocedores más exigentes. Su breve ventana de producción —apenas dos décadas— lo convierte hoy en una pieza de colección codiciada por quienes estudian la evolución del portafolio de H. Upmann.
Historia del H. Upmann Hussars
El Hussars nació en un momento de transformación para la industria tabacalera cubana. Antes de 1960, cuando la revolución aún no había reestructurado el sector, H. Upmann ya gozaba de prestigio internacional como proveedor de la realeza europea. La vitola "Palmitas" —nombre de fábrica que identifica este formato específico dentro de la nomenclatura cubana— respondía a una demanda de fumadas prolongadas pero refinadas, donde el diámetro reducido permitía una combustión más fría y un desarrollo aromático pausado.
Durante los años 60, el Hussars mantuvo su lugar en el catálogo regular de la marca, sobreviviendo a las primeras nacionalizaciones y reestructuraciones de la industria. Sin embargo, la tendencia hacia vitolas más gruesas —que comenzó a consolidarse en la década siguiente— sentenció su destino. Su discontinuación en los años 70 lo relegó al olvido comercial, aunque no al olvido de los coleccionistas. Las cajas de 25 unidades con banda B estándar que sobreviven hoy son testimonios físicos de una estética de fumada que poco a poco se extinguió.
Especificaciones técnicas
| Característica | Valor |
|---|---|
| Nombre de fábrica | Palmitas |
| Ring gauge | 32 |
| Longitud | 152 mm (6 pulgadas) |
| Peso oficial | 5.68 g |
| Elaboración | Totalmente a mano |
| Presentación | Caja de 25 (dress box) |
| Banda | B estándar H. Upmann |
| Período de producción | Pre-1960 hasta años 70 |
Notas de cata y perfil de sabor
El Hussars, por su construcción delgada, ofrecía una experiencia térmicamente distinta a los puros contemporáneos. El paso del humo por un canal reducido generaba temperaturas más bajas, lo que preservaba matices que en formatos más gruesos se perderían bajo el calor. Los ejemplares bien conservados —pocas veces encontrados en condiciones óptimas— revelan un perfil donde el cedro seco y la corteza de naranja confitada dominan la apertura, evolucionando hacia notas de cuero curtido y café tostado en el segundo tercio.
La textura del humo en boca era característicamente sedosa, casi aterciopelada, con un cuerpo medio-ligero que nunca agredía el paladar. En el tramo final, aparecían destellos de chocolate amargo y pimienta blanca, siempre contenidos dentro de una estructura elegante. La ceniza, de color gris claro con tendencia plateada, evidenciaba la calidad de la tripa cubana de aquella época —una materia prima que, según los entendidos, poseía características de suelo y curado difíciles de replicar posteriormente.
¿Con qué maridar el H. Upmann Hussars?
La delicadeza de este puro exige acompañamientos que no dominen su voz. En el contexto colombiano, tres opciones resuenan con particular armonía:
- Café del Huila, origen Pitalito: su acidez cítrica contenida y cuerpo medio realzan las notas de corteza de naranja del Hussars sin competir por atención. Una extracción en chemex o prensa francesa preserva los aceites que dialogan con el humo.
- Ron Dictador 20 años: la vainilla de roble y el caramelo suave del envejecimiento en barrica complementan el cuero y el chocolate del tramo final, creando un puente entre la dulzura del destilado y la sequedad del tabaco.
- Chocolate santandereano 70% cacao: la amargura controlada y las notas de frutos secos del cacao de la región —particularmente el de San Vicente de Chucurí— establecen un contrapunto textural que prolonga la experiencia en paladar.
Evitar bebidas carbonatadas o destilados agresivos; el Hussars necesita silencio para expresarse.
¿Para quién es este puro?
El H. Upmann Hussars no es para el fumador casual ni para quien busca nicotina en cantidad. Es para el coleccionista que estudia la genealogía de las vitolas cubanas, para el aficionado que valora la elegancia sobre la potencia, para quien encuentra en los formatos delgados una forma de meditación lenta. Es también para el curioso histórico: fumar un Hussars original —si se tuviera la fortuna de encontrarlo en condiciones aceptables— sería como escuchar una grabación de jazz de los 50 en el equipo de la época.
En términos prácticos, quienes hoy disfrutan panatelas como el Montecristo Especial No. 2 o el Cohiba Panetelas encontrarían en el Hussars un antecedente directo, una versión más extensa y sofisticada de esa filosofía de fumada. Su ideal de consumidor es alguien con tiempo disponible, preferiblemente en la tarde, con una taza de café que se enfría lentamente mientras el humo dibuja su curva de sabores.