¿Qué es el H. Upmann Glorias?
El H. Upmann Glorias es una vitola descontinuada de 110 mm de largo y ring gauge 35, fabricada en máquina antes de 1960 y producida hasta principios de los años ochenta. Representa una época dorada de la tabacología cubana donde la accesibilidad y el sabor se equilibraban en formatos pequeños pero memorables. Hoy, encontrar una caja bien conservada es un verdadero hallazgo para el coleccionista serio, pues pocos puros de esta era han sobrevivido en condiciones óptimas.
Historia del H. Upmann Glorias
La historia del Glorias se entrelaza con la evolución misma de la industria tabacalera cubana del siglo XX. Cuando H. Upmann lanzó esta vitola al mercado, probablemente en los años cincuenta, la fabricación en máquina representaba la vanguardia de la producción masiva. No se trataba de un compromiso de calidad, sino de una democratización del sabor: llevar el perfil característico de la marca —ese toque terroso con dulzor sutil— a fumadores que buscaban una experiencia auténtica sin las exigencias de tiempo de un Gran Corona.
Durante aproximadamente dos décadas, el Glorias formó parte del catálogo regular de H. Upmann, empaquetado en cajones de cien unidades envueltas en celofán. Su discontinuación a principios de los ochenta no respondió a problemas de aceptación, sino a la reorientación de Habanos hacia vitolas totalmente hechas a mano. Esta transición convirtió al Glorias en un testimonio viviente —o mejor dicho, fumable— de una metodología que hoy parece arqueológica.
Especificaciones técnicas
| Característica | Detalle |
|---|---|
| Nombre de fábrica | Epicures |
| Longitud | 110 mm (4⅜″) |
| Ring gauge | 35 |
| Peso oficial | 4.81 g |
| Construcción | Máquina |
| Presentación | Cajón de 100 puros en celofán |
| Período de producción | Pre-1960 hasta principios de 1980 |
Notas de cata y perfil de sabor
Fumar un Glorias bien conservado es una experiencia que trasciende lo meramente gustativo: es una inmersión en la memoria sensorial del tabaco cubano de mediados de siglo. La capa, oscura y ligeramente aceitosa después de décadas de reposo, desprende al encenderse un aroma de cedro maduro y café tostado que inmediatamente sitúa al fumador en una casas de tabaco de La Habana de 1965.
El primer tercio sorprende por su suavidad, casi sedosa, con notas de avellana tostada y un fondo terroso que anuncia el origen veguero del tabaco. A medida que avanza la fumada, emerge un carácter más complejo: cuero curtido, chocolate amargo y esa especie de dulzura mineral que solo adquieren los puros con verdadera edad. El último tercio intensifica sin agredir, con un retrogusto que evoca nueces moscadas y un leve toque de pimienta blanca.
La construcción en máquina, lejos de ser una limitación, otorga una combustión predecible y un tiro constante que permite concentrarse en el sabor. El cuerpo es medio, la fortaleza moderada: un puro de mañana o de media tarde, nunca de noche cerrada.
¿Con qué maridar el H. Upmann Glorias?
La delicadeza de este vitola exige acompañantes que respeten su sutileza sin competir por atención. En territorio colombiano, propongo tres maridajes que honran tanto al puro como a nuestra tradición:
- Café del Huila, origen Pitalito, proceso lavado: Su acidez cítrica equilibrada y cuerpo medio-alto dialogan con el perfil terroso del Glorias. Preparado en prensa francesa a 92°C, resalta las notas de chocolate del tabaco.
- Ron Dictador 20 años: La complejidad oxidativa de este espirituoso cartagenero —vainilla, caramelo, madera noble— encuentra eco en el envejecimiento del puro. Servido en copa balón, sin hielo.
- Chocolate santandereano 70% cacao: La amargura controlada y las notas frutales del cacao de San Vicente de Chucurí amplifican el dulzor natural del tabaco sin empalagar.
Evitaría los destilados ahumados o los cafés muy torrefactos: su intensidad opacaría la conversación que este puro anciano propone.
¿Para quién es este puro?
El H. Upmann Glorias no es para el fumador casual que busca una experiencia inmediata. Es, ante todo, un puro de coleccionista: aquel que entiende que fumar tabaco de cuarenta años de antigüedad es un acto de preservación cultural tanto como de placer personal.
También encontrará en él su lugar el historiador del tabaco, el curioso que quiere comprender cómo sabía Cuba antes de la revolución, antes de la especialización total en vitolas hechas a mano. Es un puro para quienes valoran el contexto tanto como el contenido, para quienes una caja de cien en celofán amarillento representa un tesoro arqueológico más que una mera compra.
Finalmente, es para el fumador paciente: aquel dispuesto a esperar el momento exacto de humedad, de temperatura, de compañía adecuada. Porque encender un Glorias es consumir algo irreemplazable, y eso exige la solemnidad que merece.