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H. Upmann El Prado: historia del puro mecanizado cubano olvidado

2 min de lectura · 360 palabras

¿Qué es el H. Upmann El Prado?

El H. Upmann El Prado es un puro mecanizado cubano de 159 mm de largo y 35 ring gauge que formó parte de la producción regular de la marca entre las décadas de 1960 y principios de los 1980. Conocido en la fábrica como Deliciosos en su designación antigua, este vitola delgado representa una época en que Habanos S.A. (entonces Cubatabaco) mantenía líneas mecanizadas junto a sus emblemáticos puros hechos a mano. Su discontinuación hace más de cuatro décadas lo ha convertido en una pieza de colección prácticamente imposible de encontrar en el mercado actual.

H. Upmann El Prado

Historia del H. Upmann El Prado

El El Prado debutó antes de 1960, situándolo entre los lanzamientos más tempranos del portafolio de H. Upmann en la era pre-revolucionaria y los primeros años del período revolucionario. Durante aproximadamente veinte años, este puro acompañó a los fumadores cubanos como una opción accesible dentro de la gama de la marca, fabricado mediante procesos automatizados que garantizaban consistencia y volumen de producción.

La década de 1980 marcó su fin. Cuando Habanos comenzó a concentrarse en puros totalmente hechos a mano para su exportación y mercado premium, los mecanizados como el El Prado fueron descontinuados sin mayor ceremonia. No existen registros oficiales del último año de producción, aunque los especialistas sitúan su desaparición alrededor de 1982-1983. Los ejemplares sobrevivientes, cuando aparecen, provienen de humidores privados o subastas de coleccionistas europeos.

Especificaciones técnicas

AtributoDetalle
Nombre de fábricaDeliciosos (designación antigua)
Ring gauge35
Longitud159 mm (6¼ pulgadas)
Peso oficial6.67 gramos
ConstrucciónMecanizado
BandaEstándar de H. Upmann
EstadoDescontinuado (principios de 1980)

Notas de cata y perfil de sabor

Quienes han tenido la fortuna de fumar un El Prado en condiciones óptimas describen una experiencia distinta a los H. Upmann contemporáneos. El formato delgado de 35 ring gauge concentra el sabor de manera intensa, aunque la construcción mecanizada produce una combustión más rápida y menos uniforme que sus equivalentes hechos a mano.

El perfil arranca con notas de cedro seco y pan tostado, evolucionando hacia un núcleo de café molido y cuero curtido. La retroalimentación revela toques de pimienta blanca y una dulzura sutil que algunos atribuyen a la capa criolla empleada en esa época. El final, típicamente corto dado el formato, deja un regusto de cacao amargo y tierra húmeda. La fortaleza se sitúa en el rango medio-bajo, accesible para quienes prefieren puros sin agresividad nicotínica.

¿Con qué maridar el H. Upmann El Prado?

Si por alguna circunstancia extraordinaria se presenta la oportunidad de fumar un El Prado, el maridaje debe honrar su carácter histórico y delicado. En el contexto colombiano, propongo tres acompañamientos que dialogan con su perfil:

  • Café del Huila en grano: Un origen suave con notas cítricas y panela, preparado en prensa francesa o chemex. La acidez moderada del Huila limpia el paladar sin competir con los matices terrosos del puro.
  • Ron Dictador 20 años: El dulzor de la madera y la vainilla del añejo cartagenero complementan el cuero y el cacao del El Prado sin sobrepasarlo.
  • Chocolate santandereano 70% cacao: La amargura controlada y las notas de frutos secos del chocolate de San Vicente de Chucurí resuenan con el final del puro.

Evitar bebidas carbonatadas o destilados agresivos; el El Prado, por su construcción, no tolera competidores intensos.

¿Para quién es este puro?

El H. Upmann El Prado no es un puro para fumar: es un puro para poseer. Su valor radica en la rareza histórica más que en la experiencia sensorial contemporánea. El coleccionista de vitolas discontinuas, el investigador de la industria tabacalera cubana o el aficionado que busca completar una línea temporal de H. Upmann encontrarán aquí su objeto de deseo.

Para el fumador casual, incluso si apareciera un ejemplar a precio razonable, el riesgo de deterioro por décadas de almacenamiento desconocido supera el probable placer de la fumada. El El Prado pertenece a museos del tabaco, humidores de colección y conversaciones entre conocedores que entienden que algunos puros existen para recordarnos lo efímero de toda producción, incluso la más mecanizada.