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Guía del H. Upmann Cinco Bocas: historia, sabor y por qué desapareció

2 min de lectura · 245 palabras

¿Qué es el H. Upmann Cinco Bocas?

El H. Upmann Cinco Bocas fue una vitola de producción regular que nació antes de 1960 y desapareció de los catálogos oficiales a principios de los años ochenta. Con un cepo de 42 y 165 mm de longitud, este puro largo y delgado respondía al nombre de fábrica Cervantes y se presentaba en gabinetes especiales de 25 unidades envueltas individualmente en celofán. Hoy, encontrar un ejemplar auténtico es casi una quimera: el tiempo, el consumo y el descuido han reducido su existencia a un puñado de cajas resguardadas en colecciones privadas.

H. Upmann Cinco Bocas

Historia del Cinco Bocas: de la pre-revolución al olvido

La marca H. Upmann, fundada en 1844 por el banquero alemán Hermann Upmann, siempre tuvo una relación particular con las vitolas elegantes y de formatos clásicos. El Cinco Bocas surgió en esa época dorada donde los puros cubanos competían por la sofisticación antes que por la potencia. Su nombre evoca las cinco entradas del puerto de La Habana, ese punto de partida donde miles de cajas partían rumbo al mundo.

Durante más de dos décadas, el Cinco Bocas fue un puro de mesa respetado, preferido por quienes buscaban una fumada prolongada sin agresividad. Sin embargo, la tendencia de los años setenta y ochenta hacia formatos más cortos y robustos —el boom del robusto y el petit corona— lo condenó al ostracismo comercial. Cuando Habanos S.A. depuró el catálogo, el Cinco Bocas no resistió el corte. No hubo despedida oficial, ni edición de despedida: simplemente dejó de producirse, convirtiéndose así en fantasma del habano.

Notas de cata y perfil de sabor

Quienes tuvieron la suerte de fumar un Cinco Bocas en condiciones óptimas —conservado en humidor estable durante décadas— describen una experiencia que hoy sería imposible de replicar. La capa, oscura y aceitosa tras años de maduración, desprendía en el encendido una mezcla de cedro humedecido, café tostado y cuero curtido. No era un puro que buscara impresionar de entrada; su virtud residía en la construcción paulatina.

En el primer tercio, la entrada era suave, casi mantequillosa, con notas de avellana tostada y piel de naranja seca. El segundo tercio desarrollaba un carácter más terroso: chocolate amargo, tabaco negro y un fondo especiado de clavo y canela. El final, siempre controlado, nunca amargo, dejaba en el paladar un regusto de café espresso y madera de ébano. La combustión, típica de la manufactura cubana de aquella época, era impecable: ceniza firme, tirada abierta, sin esfuerzo.

Especificación Detalle
Nombre de fábrica Cervantes
Cepo (ring gauge) 42
Longitud 165 mm (6½″)
Peso oficial 10.80 g
Elaboración Totalmente a mano
Estado Descontinuado (principios de 1980)
Presentación Gabinete de 25 unidades con celofán individual

¿Con qué maridar el Cinco Bocas?

Aunque hoy sea un puro de museo, vale la pena imaginar el maridaje perfecto para quienes aún conservan uno en sus humidores. La elegancia del Cinco Bocas pedía acompañamientos que no eclipsaran su voz.

  • Café del Huila: un origen suave con notas de caramelo y frutos secos, servido en taza ancha para dejar que el aroma se mezcle con el humo. La acidez moderada del Huila respetaba el perfil terroso del puro.
  • Ron Dictador 20 años: su dulzor de miel de caña y vainilla encontraba eco en las notas de chocolate del segundo tercio. Se servía en copa balón, sin hielo, a temperatura ambiente.
  • Chocolate santandereano 70% cacao: la amargura controlada y el sabor a frutos rojos del cacao de la región complementaban el final especiado del Cinco Bocas. Se recomendaba dejar derretir una pequeña porción en el paladar antes de la última fumada.

El agua, imprescindible, debía ser mineral sin gas a temperatura natural. Nada de hielo que contrajera los capilares del paladar.

¿Para quién es este puro?

El H. Upmann Cinco Bocas era —y sigue siendo, en sus escasas apariciones— un puro para el coleccionista arqueólogo, aquel que fuma menos para el placer inmediato que para la reconstrucción histórica. No es un puro para el novato impaciente, ni para quien busca impacto nicotínico. Es para quien entiende que fumar un Cinco Bocas hoy es participar de un ritual de memoria, de una Cuba que ya no existe.

Si encuentra uno en alguna subasta o herencia familiar, mi consejo es resístase. Guárdelo. El verdadero valor del Cinco Bocas no está en su combustión, sino en su testimonio: de una época donde los puros se hacían sin prisa, donde los nombres tenían sentido geográfico, y donde desaparecer no era tragedia, sino destino natural de lo que fue hecho para perdurar en el recuerdo.