Información de Puros

Guía del H. Upmann Amatistas: historia, sabor y por qué desapareció

2 min de lectura · 316 palabras

¿Qué es el H. Upmann Amatistas?

El H. Upmann Amatistas fue una vitola de 146 mm de longitud y ring gauge 40, conocida en la fábrica como "Superiores", que permaneció en producción regular durante más de cuatro décadas antes de su desaparición en 2002. Este puro representaba la esencia clásica de la marca: un formato elegante, construcción artesanal y un perfil de sabor que evolucionaba desde lo suave hacia complejidades más profundas. Su nombre evocaba la piedra preciosa, y en efecto, era una joya discreta dentro del portafolio de H. Upmann.

H. Upmann Amatistas

Historia del Amatistas: cuatro décadas de elegancia

El Amatistas debutó antes de 1960, consolidándose como una de las vitolas más antiguas del catálogo de H. Upmann. Durante la segunda mitad del siglo XX, se mantuvo como opción predilecta para quienes buscaban una fumada refinada sin la exuberancia de formatos más grandes. Su discontinuación en 2002 no respondió a escándalos ni problemas de calidad, sino a la lógica implacable del mercado: las ventas declinaban frente a vitolas más gruesas y cortas que dominaban las preferencias de los años 90 y principios del 2000.

El empaque tradicional incluía cajas de 25 unidades en presentación dress box. Las producciones tempranas conservaban cada puro en funda de celofano individual, detalle que desapareció antes de su retiro definitivo. La banda estándar B de H. Upmann, con sus colores dorado y rojo sobre fondo blanco, identificaba sin ostentación a este clásico habanero.

Características técnicas del Amatistas

Nombre de fábrica Superiores
Longitud 146 mm (5¾ pulgadas)
Ring gauge 40
Peso oficial 8.46 gramos
Construcción Totalmente a mano
Banda Estándar B de H. Upmann
Presentación Cajas de 25 (dress box)
Período de producción Pre-1960 hasta 2002

Notas de cata y perfil de sabor

El Amatistas ofrecía una experiencia que comenzaba con una entrada suave, casi tímida, para desplegarse gradualmente en capas de sabor. Los primeros centímetros revelaban notas de cedro fresco y café tostado ligero, ese perfil característico de H. Upmann que distingue a la marca de sus competidores más robustos. A medida que avanzaba la fumada, emergían matices de cuero curtido y avellana tostada, con un dulzor sutil que nunca llegaba a empalagar.

En su punto medio, el puro desarrollaba complejidades más interesantes: chocolate amargo, especias blancas y un retrogusto mineral que recordaba a los suelos de Vuelta Abajo. La fortaleza se mantenía en el rango medio-bajo, lo que permitía apreciar la delicadeza del blend sin fatiga. El tiraje, cuando la conservación era adecuada, resultaba generoso y la combustión lineal, testimonio de la selección rigurosa de capote y tripa.

¿Cómo se comportaba con el tiempo?

Los Amatistas con añejamiento superior a cinco años transformaban su carácter. El cedro se volvía más profundo, casi inciensado, y aparecían notas de pasas rubias y pan tostado. La textura se suavizaba hasta niveles casi cremosos, convirtiendo a este puro en una experiencia de meditación para quienes tenían paciencia de humidor.

¿Con qué maridar el H. Upmann Amatistas?

La delicadeza de este vitola exigía acompañantes que no eclipsaran su voz. Un café del Huila, especialmente de grano arábico con tueste medio, establecía diálogo perfecto con las notas de cacao y avellana del puro. La acidez cítrica sutil del café limpio resaltaba el dulzor natural del tabaco.

Para quienes prefieren destilados, el ron Dictador 20 años ofrecía suficiente cuerpo sin agresividad. Su paso por barricas de bourbon complementaba las notas de vainilla y caramelo que emergían en la segunda mitad de la fumada. Alternativamente, un chocolate santandereano entre 60% y 70% de cacao, servido en pequeñas porciones, creaba un maridaje terroso que honraba el origen compartido de ambos productos.

¿Para quién es este puro?

El Amatistas estaba concebido para el fumador que valora la restricción como virtud. No es un puro para quien busca impacto inmediato ni nubes densas de humo. Su público ideal incluía: aficionados a formatos clásicos coronas y lonsdales; quienes disfrutan la primera fumada del día, cuando el paladar está fresco y receptivo; y coleccionistas que aprecian la historia tangible de las marcas cubanas.

Hoy, encontrar un Amatistas en condiciones óptimas constituye una pequeña odisea. Los ejemplares que circulan en el mercado secundario demandan precios que reflejan su escasez más que su calidad intrínseca. Para quienes nunca lo probaron, su legado persiste en vitolas contemporáneas como el H. Upmann Coronas Major, aunque ninguna replica exactamente la silenciosa elegancia de este Superiores desaparecido.