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Flor del Punto 301: historia y características del clásico cubano de los 70

2 min de lectura · 320 palabras

¿Qué es el Flor del Punto 301?

El Flor del Punto Selección Número 301 fue un puro cubano de producción regular fabricado entre mediados de los años 70 y 1982, con vitola Cervantes de 165 mm de largo y ring gauge 42. Este puro artesanal representó una época de transición en la industria tabacalera cubana, ofreciendo una fumada elegante y mediana en fortaleza que hoy solo sobrevive en colecciones privadas y memorias de fumadores de aquella generación.

Flor del Punto Selección Número 301

Historia del Flor del Punto 301

La marca Flor del Punto nació en el contexto de la expansión comercial del tabaco cubano durante las décadas de 1960 y 1970, cuando las fábricas estatales diversificaban sus portafolios para mercados específicos. El Selección Número 301 emergió en este panorama como una apuesta por el fumador que buscaba distinción sin ostentación, una filosofía que se reflejaba en su presentación sobria con la "Band A" característica de la marca.

Su producción cesó en 1982, coincidiendo con reestructuraciones en la industria tabacalera cubana que priorizaron otras marcas y vitolas. Esta discontinuación temprana —apenas una década de existencia comercial— lo convierte en un ejemplar de culto para los coleccionistas de puros vintage. Los pocos ejemplares que sobreviven en humidores bien conservados son verdaderas piezas de museo, testigos de una Cuba tabacalera que ya no existe.

Especificaciones técnicas de la vitola

Especificación Detalle
Nombre de fábrica Cervantes
Longitud 165 mm (6½″)
Ring gauge 42
Peso oficial 10.80 g
Elaboración Totalmente a mano
Presentación Semi boîte nature
Período de producción 1975–1982

Notas de cata y perfil de sabor

El Cervantes de 42 ring gauge es una vitola que premia la paciencia: su construcción alargada y delgada permite un desarrollo térmico gradual donde los sabores se despliegan en capas. En el 301, los fumadores de época reportaban una entrada suave con madera de cedro y nuez tostada, evolucionando hacia un corazón donde emergían notas de café espresso y cuero curtido.

La retrohale revelaba especias dulces —canela y clavo de olor— mientras que el final tendía hacia el chocolate amargo y un leve regusto de tierra húmeda, característico de los tabacos de la Vuelta Abajo de aquellos años. La combustión, cuando el puro se conservaba en condiciones óptimas, era lineal y ceniza firme, con una resistencia apropiada para una fumada de 60 a 75 minutos.

Es importante señalar que los ejemplares actuales, si alguno aún circula, habrán sufrido el paso de cuatro décadas. Un 301 bien conservado en humidor ofrecería una fumada madura, donde los taninos se han suavizado y predominan las notas de madera envejecida y frutos secos. Cualquier ejemplar seco o mal almacenado habrá perdido su esencia: este es un puro que exige respeto al tiempo.

¿Con qué maridar el Flor del Punto 301?

Aunque hoy sea imposible adquirirlo nuevo, imaginar su maridaje ideal nos conecta con una tradición de fumada meditativa. El café del Huila, con su acidez cítrica y cuerpo medio, haría eco con las notas tostadas del puro sin competir por el paladar. Para quien prefiere destilados, un ron Dictador 20 años de Cartagena, con su dulzor de miel de caña y vainilla, conversaría elegante con el perfil especiado del 301.

En la sobremesa, el chocolate santandereano de 70% cacao, con su amargor equilibrado y frutos rojos, cerraría el círculo sensorial. La clave está en evitar sabores que dominen: este es un puro de diálogo, no de monólogo, que pide acompañantes que escuchen antes que hablen.

¿Para quién es este puro?

El Flor del Punto 301 habla a tres tipos de personas distintas. Primero, al coleccionista que busca completar un panorama histórico de las marcas menores de Cuba, esas que existieron entre las sombras de Cohíba y Montecristo. Segundo, al fumador curioso que encuentra en el mercado de segunda mano un ejemplar conservado y desea comprender, a través del humo, qué significaba fumar en los años 70.

Tercero, y quizás más importante, a quienes entienden que fumar un puro es también ejercicio de memoria. El 301 ya no existe como producto, pero su historia nos recuerda que el mundo del tabaco está poblado de fantasmas gloriosos: vitolas que nacieron, vivieron brevemente y desaparecieron, dejando solo el rastro de ceniza y las palabras de quienes los conocieron. Si alguna vez tiene la fortuna de sostener uno entre sus dedos, fúmelo con la conciencia de que está participando en un acto de arqueología viva.