Historia de Marcas

Flor del Punto: historia de un puro cubano olvidado (1968-1982)

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¿Qué es el Flor del Punto? Historia de un clásico olvidado

El Flor del Punto fue una marca de puros cubanos producida entre finales de la década de 1960 y 1982, destacándose por su banda estándar tipo A con relieve. Este brando, hoy discontinuado, representa un capítulo fascinante de la industria tabacalera durante la reorganización post-revolucionaria en La Habana. Su producción de quince años lo convierte en una pieza de coleccionista que narra la evolución de los sabores tradicionales antes de la consolidación masiva de las grandes marcas actuales.

Standard Band A Image

El auge y caída de una marca transicional

La historia del Flor del Punto no es la de una marca centenaria como Cohiba o Montecristo, sino la de un producto nacido en tiempos de cambio profundo. Surgió a finales de los años 60, justo cuando el gobierno revolucionario estaba nacionalizando las fábricas y reestructurando todo el ecosistema del tabaco en la isla. Durante este periodo, muchas marcas regionales o más pequeñas vieron la luz para satisfacer demandas específicas antes de que la estrategia de exportación se centrara únicamente en los "gigantes" del mercado.

Lo que hacía especial a este puro, además de su mezcla, era su presentación. Los coleccionistas identifican inmediatamente sus cajas por la utilización de la llamada "Standard Band A". Esta banda no era plana; contaba con un diseño en relieve (embossing) que le daba una textura táctil única al sostener el puro. Ese detalle reflejaba que, incluso en medio de la reorganización industrial, los torcedores cubanos mantenían un estándar de lujo y cuidado en la terminación de cada unidad.

Sin embargo, el destino de la marca selló su fin en 1982. En ese año, Habanos S.A. (y sus predecesores estatales) tomó la decisión estratégica de racionalizar el portafolio de exportación. Se buscaba concentrar recursos y atención en las marcas con mayor reconocimiento internacional, sacrificando etiquetas como Flor del Punto que, aunque queridas, ocupaban espacio en las vitrinas globales. Desde entonces, encontrar una caja original es como hallar un tesoro escondido en las bodegas de los aficionados más viejos.

Notas de cata y perfil de sabor

Aunque ya no podemos encender uno recién salido del humidificador, los registros y las catas de ejemplares bien conservados nos pintan un cuadro sensorial muy particular. El Flor del Punto solía ofrecer un perfil de cuerpo medio, ideal para una fumada tranquila sin abrumar al paladar. Al cortar la capa, que generalmente presentaba un tono colorado claro con vetas doradas, se liberaban aromas primarios de cedro húmedo y tierra fresca, típicos del Vuelta Abajo de esa época.

En el primer tercio, la experiencia suele ser cremosa, con notas dominantes de café tostado y un toque sutil de especias dulces como la canela. A medida que avanza la combustión hacia el segundo tercio, aparece la complejidad característica de los cubanos antiguos: cuero suave y un fondo de chocolate amargo que recuerda al cacao nativo. La ceniza se mantiene compacta y de color blanco grisáceo, señal de un buen armado y un secado adecuado del capote y la tripa.

Es importante notar que, al ser puros con varias décadas de antigüedad, el perfil puede haber evolucionado hacia notas más terrosas y de bosque, perdiendo parte de esa picardía inicial pero ganando en suavidad y redondez. No esperes explosiones de potencia; este es un puro de conversación, diseñado para disfrutarse con calma mientras se observa cómo se consume la anilla.

¿Con qué maridar el Flor del Punto?

Si tuviéramos la fortuna de conseguir una unidad en perfecto estado, el maridaje debe respetar su elegancia discreta y su cuerpo medio. Para nosotros, los colombianos, la opción indiscutible sería un café del Huila, de esos con acidez brillante y notas a caramelo que dialogan perfectamente con el dulzor natural del tabaco maduro. Un tinto oscuro, sin leche, realzaría las notas de madera y evitaría empalagar el paladar.

Para los espíritus fuertes, un ron Dictador de 12 o 20 años sería el compañero ideal. La vainilla y el roble del ron colombiano complementan las notas de cuero y cedro del puro, creando un equilibrio armónico en boca. Si prefieres algo sin alcohol, un chocolate santandereano, de esos oscuros y con alto porcentaje de cacao, potenciaría los matices terrosos del final de la fumada, cerrando la experiencia con un broche de oro local.

¿Para quién es este puro hoy en día?

Actualmente, el Flor del Punto no es un puro para el fumador casual que busca disponibilidad inmediata en un lounge de Bogotá o Medellín. Es exclusivamente para el coleccionista serio y el historiador del tabaco que valora la procedencia y la rareza. Tener uno en la colección es poseer un fragmento de la historia de Cuba entre 1968 y 1982, un testimonio físico de una era donde la industria buscaba su nuevo rumbo.

Este puro es también para aquel aficionado que disfruta descifrando las bandas antiguas y entendiendo la evolución de los diseños de Habanos. Más que el acto de fumarlo —que requiere extrema precaución por su edad—, el valor reside en su existencia como objeto de estudio. Nos recuerda que detrás de las grandes marcas que conocemos hoy, hubo decenas de proyectos como Flor del Punto que, aunque efímeros, dejaron una huella imborrable en la cultura del puro cubano.