Información de Puros

Historia del Petit Lonsdales: 40 años de tradición cubana

2 min de lectura · 321 palabras

¿Qué es el El Rey del Mundo Petit Lonsdales?

El El Rey del Mundo Petit Lonsdales fue una vitola cubana de 129 mm de longitud y cepo 42 (Marevas en nomenclatura de fábrica) que se produjo desde antes de 1960 hasta su retiro definitivo en 2003. Durante más de cuatro décadas, este puro encarnó la elegancia discreta de la tradición habanera: cuerpo medio, construcción impecable y una evolución aromática que conquistó a generaciones de fumadores. Hoy, cualquier ejemplar que aparezca en una humidor es pieza de colección, testimonio de una época dorada que no volverá.

El Rey del Mundo Petit Lonsdales

Historia del Petit Lonsdales: cuatro décadas de legado

La marca El Rey del Mundo nació en 1882 de la mano del empresario Antonio Allones, quien bautizó su creación con la ambición que el nombre sugiere. El Petit Lonsdales emergió en este contexto de excelencia, consolidándose como una de las vitolas más equilibradas del portafolio antes de que la Revolución transformara la industria tabacalera cubana.

Curiosamente, durante los años ochenta existió una presentación en tubo llamada Tubo No.2 (código B25at), una variante que añadía practicidad al ritual de fumar pero que desapareció antes de que terminara la década. El puro resistió la nacionalización, las crisis del suministro de tabaco y los cambios de mercado, manteniéndose en producción regular hasta que Habanos S.A. decidió su discontinuación en 2003. La decisión respondía a la tendencia de concentrar recursos en formatos más comerciales, dejando al Petit Lonsdales en el limbo de los puros legendarios que solo reviven en subastas y colecciones privadas.

Especificaciones técnicas

Nombre de fábrica Marevas
Cepo 42
Longitud 129 mm (5⅛ pulgadas)
Peso oficial 8.46 gramos
Construcción Totalmente a mano
Fortaleza Media
Estado de producción Discontinuado desde 2003

Notas de cata y perfil de sabor

Encender un Petit Lonsdales —si se tiene la fortuna de encontrar uno bien conservado— es iniciar un viaje de aproximadamente 45 a 55 minutos donde la sutileza reina. La primera tercera revela cedro recién cortado y una dulzura sutil de pasas rubias, ese carácter distintivo del tabaco de Vuelta Abajo en su expresión más refinada. La combustión, típica de la marca, es generosa en humo cremoso que envuelve el paladar sin agresividad.

En el segundo tercio, el puro desarrolla matices de cuero curtido y cacao en polvo, una transición elegante que nunca pierde la cordura. El cuerpo medio se mantiene constante, sin picos de nicotina que perturben la conversación. El último tramo introduce notas tostadas de café de taza y una leve especiedad de pimienta blanca, siempre dentro del espectro moderado que define a la marca. La ceniza, compacta y de color gris claro, evidencia la fermentación impecable de aquellos años.

¿Con qué maridar el Petit Lonsdales?

La versatilidad de este puro invita a experimentar con maridajes que respeten su caráter sin competir por atención. Un café del Huila, tostado medio, es compañero natural: la acidez cítrica del grano colombiano dialoga con la dulzura terrosa del tabaco. Para quienes prefieren destilados, el ron Dictador 20 años ofrece suficiente estructura sin empalagar, sus notas de caramelo y vainilla encontrando eco en el perfil del puro.

Los amantes del cacao encontrarán en el chocolate santandereano —especialmente el de 70% cacao con toques de panela— un contrapunto ideal. La textura untuosa del chocolate fundido contra el humo sedoso del Marevas crea una sinergia memorable. Evite bebidas carbonatadas o sabores agresivamente ahumados; este puro pide acompañantes que sepan escuchar.

¿Para quién es este puro?

El Petit Lonsdales estaba concebido para el fumador que valora la contención sobre la ostentación. Su formato Marevas —el mismo del Montecristo No.4— es el equilibrio perfecto entre duración y desarrollo de sabores, ideal para quienes disponen de una hora tranquila sin compromisos. No es puro para principiantes que buscan impacto, ni para coleccionistas que solo miran cajas selladas: exige ser encendido, saboreado, despedido.

Hoy, quien lo encuentre en una humidor debe entender que fuma historia. Cada ejemplar sobreviviente lleva más de dos décadas de añejamiento potencial, y su rareza lo convierte en experiencia compartida entre conocedores. Si tiene la oportunidad, no guarde el puro para "una ocasión especial": el humo mismo es la ocasión.