¿Qué es el Don Cándido Selección Suprema No. 508?
El Don Cándido Selección Suprema No. 508 es un puro cubano descontinuado de vitola Panetelas Largas (28 × 175 mm) que se produjo entre finales de los años sesenta y 1982. Pertenece a esa época dorada de la industria tabacalera cubana que los coleccionistas llaman "pre-embargo tardío", cuando los puros se elaboraban con métodos artesanales que hoy son casi legendarios. Su ring gauge de 28 lo convierte en un puro delgado y elegante, pensado para fumadas prolongadas que premian la paciencia del fumador.
Historia del Don Cándido Selección Suprema No. 508
La marca Don Cándido nació en un momento de transformación para la industria tabacalera cubana. Cuando el Selección Suprema No. 508 llegó al mercado a finales de la década de 1960, Cuba ya había nacionalizado sus fábricas de tabacos, pero aún conservaba maestros torcedores formados en la tradición anterior. Este puro se mantuvo en producción durante más de quince años, un período que coincide con lo que muchos consideran el mejor momento de la manufactura cubana.
La discontinuación en 1982 no fue casual. Los años ochenta trajeron cambios en los gustos del consumidor: los puros más gruesos comenzaban a dominar el mercado, y las vitolas delgadas como esta Panetelas Largas perdían terreno. Hoy, encontrar una caja semi boîte nature de 25 unidades en buen estado es un hallazgo que pocos coleccionistas pueden ignorar.

Especificaciones técnicas
| Especificación | Medida |
|---|---|
| Vitola | Panetelas Largas |
| Ring gauge | 28 |
| Longitud | 175 mm (6⅞″) |
| Peso oficial | 5.01 g |
| Construcción | Totalmente a mano |
| Presentación | Caja de 25 (semi boîte nature) |
| Período de producción | 1968–1982 |

Notas de cata y perfil de sabor
Encender un Don Cándido Selección Suprema No. 508 hoy —si se tiene la fortuna de encontrarlo en condiciones óptimas— es viajar al pasado. La primera impresión es de sutilidad: el capote deja entrever notas de cedro seco y heno curado, sin la intensidad de los puros modernos. El arranque es suave, casi tímido, con un sabor a madera tostada que recuerda los tableros de las bodegas de La Habana Vieja.
A medida que avanza la fumada, el puro revela su complejidad. Aparecen matices de café molido de tueste medio, ese aroma que se percibe en las trilladoras del Cauca colombiano, seguidos de un fondo terroso que evoca la tierra roja de Vuelta Abajo. La textura del humo es sedosa, caso único en puros de este calibre. Hacia el último tercio, emerge un dulzor discreto, reminiscencia de chocolate amargo, que nunca llega a empalagar.
La fortaleza se mantiene en medio-bajo durante casi toda la experiencia. Solo en los centímetros finales se intensifica, con un picor agradable en la lengua que invita a dejarlo reposar antes del último sorbo. La duración, en manos de quien sabe fumar despacio, ronda los cuarenta y cinco minutos.

¿Con qué maridar el Don Cándido Selección Suprema No. 508?
La delicadeza de este puro exige acompañantes que no lo opaquen. Un café del Huila, de grano arábigo y tueste medio, es el compañero natural: sus notas cítricas y cuerpo moderado dialogan con el perfil terroso del tabaco. Se recomienda prepararlo en prensa francesa, sin azúcar, para no distraer el paladar.
Para quien prefiere destilados, el ron Dictador 20 años ofrece el equilibrio perfecto. Su paso por barricas de roble aporta vainilla y caramelo que resaltan el dulzor final del puro, sin competir con su sutileza inicial. Servirlo en copa balón, a temperatura ambiente, permite que los aromas se entrelacen con el humo.
Los amantes del chocolate encontrarán en el santandereano de 70% cacao un maridaje revelador. La amargura controlada y el sabor a frutos secos del chocolate artesanal de San Gil complementan la evolución del puro, especialmente en su segunda mitad. La clave está en pequeñas porciones, dejando que el chocolate se derrita en la lengua entre caladas.

¿Para quién es este puro?
El Don Cándido Selección Suprema No. 508 no es para el fumador apresurado. Su formato delgado penaliza la ansiedad: aspirar con fuerza lo calienta de más, amarga el sabor y acorta una experiencia que debería ser pausada. Es un puro para quienes han aprendido que fumar es esperar, que el tabaco habla en su propio tiempo.
El coleccionista lo busca por su rareza, el conocedor por su elegancia. No es el puro que se enciende en una tarde cualquiera, sino aquel que se reserva para conversaciones largas, para silencios cómplices, para demostrarse a uno mismo que la paciencia tiene su recompensa. Si se encuentra una caja bien conservada —con sus bandas Standard A intactas y el barniz de la caja semi boîte nature sin agrietarse— su valor va más allá del monetario: es una pieza de historia que aún se puede encender.